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sábado, 19 de diciembre de 2009

"La vendedora de fósforos"-Andersen y "Trapito Sucio"-Mariano Latorre, 2 conmovedores cuetos navideños


Los cuantos que les dejo son simplemente conmovedores. Los conocí de niña, y se me resbalaban las lágrimas al escucharlos, El de la Pequeña Vendedora de Cerrillas, resumida ,pero muy bien ilustrada , que lo leí en un versióntenía en la tapa una imagen en 3D. Me rompió el corazón. La historia de Pichuca la leí un poco más grande , del libro de séptimo básico del colegio y, apesar de que me trizaba el alma con cada lectura, fue mi favorita por muchos meses, debido a la belleza y delicadeza de su final.

Cuelgo esto cuantos como una forma de sensibilizar a aquellos que están enfurruñados con la vida, o no creen que estas festividades sirvan de algo,para que piensen en los desamparados y se decidan a hacer algo por ellos.Aunque no crean en la navidad, pueden realizar alguna acción por el prójimo abandonado y pobre. Y no sólo por ellos, sino también por los amigos que han dejado atrás, por las personas solas, por los ancianos, por los enfermos.Estamos rodeados de miseria bajo una careta de felicidad, por ellos los conmino a hacer de la vida de otro un mejor lugar .Yo he tratado de hacerlo, dentro de mis limitadas posibilidades, no sólo con regalos, porque no todos se puede comparar con dinero. Muchas veces una palabra amable, un beso o un abrazo son más importantes que todo lo q e se pueda comprar o regalar materialmente ^^.




LA VENDEDORA DE FÓSFOROS
Hans Christian Andersen



¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.






TRAPITO SUCIO
Mariano Latorre




Pichuca, la única hija del Ojo de Buey, no estaba dormida , sin embargo el silencio que dulcemente la rodeó apenas los tres borrachos abandonaron el cuarto, terminó de despertarla. Como en los amaneceres, sentóse en su colchoncito de hojas de maíz, que a cada uno de sus movimientos crujía como si bajo él gritasen un millón de grillos asustados. Se restregó los ojos una y otra vez. El silencio como una araña invisible, empezó a tejer en torno suyo una tela de medrosa soledad. Soledad hecha de ruidos confusos y tenues; sordo correr de ratones, baratas que se perseguían en los viejos papeles despegados, dulce sollozo de una llave de agua a medio cerrar en el ancho patio del conventillo. El sobresalto trajo la claridad de la conciencia. Estaba sola. Creyéndola dormida, sus padres y su padrino salieron a divertirse. En su cabecita sobreexcitada, esta Noche Buena que alegraba a todos y de la cual la eliminaban a ella, había prendido como un prodigio. La angustia apretó la garganta con sus anillos de serpiente. Fue un sollozo convulsivo, primero; llanto aliviador y luminoso, después. En su húmedo bienestar brilló, entonces, una resolución: conocer el secreto de la Noche Buena.

Púsose de pie y empezó a vestirse. No mucho que ponerse una faldita sucia, un resto de rebozo. Los tiesos cabellos los amarró en un manojo con una tirita roja que guardaba cuidadosamente: único gesto de coquetería de Pichuca.

Vistióse con toda clase de precauciones. Creía que mil ojos invisibles, y burlones la vigilaban e iban a impedirle su salida a la calle. Tropezó con la mesilla de trabajo de su padre. No se movió, envuelta en un precipitado torbellino de latidos que duraron tanto como los argentinos temblores de la lámpara en su viejo soporte de metal. Al borde del banquillo estuvo largo rato, en espera de algo impreciso, que estaba próximo y lejos al mismo tiempo, dentro y fuera de su cabecita en llamas.

La luna pascual derramó, de pronto, su tibia leche plateada por el cuarto sucio e inundó de paz el corazón tembloroso de la niña. En la puerta entreabierta hervía una fantástica claridad, que marcaba una ruta de ensueño.

Pichuca avanzó hacia el patio, pero volvióse bruscamente al observar, sobre el catre de madera de sus padres un halo de fúlgidas vibraciones. Un Niño Dios le sonreía en su marco de madera y le señalaba la noche con su dedito gordezuelo, como una mariposa cansada de vaguear por los aires.

Confiadamente avanzó Pichuca hacia el patio. Sus pececitos negros, curtidos, no temían el áspero ripio ni las piedras puntiagudas. No dudó ya más; deslizóse a lo largo de las paredes del conventillo, y en la despareja calle de arrabal avanza confiada. Una fuerza desconocida parece guiarla. Ni miedo ni temores.

En la atmósfera clara recórtanse los ángulos agudos de las tejas y son pozos de plata los patios abandonados.

Ágiles, incansables; corren sus piececitos hacia adelante, sin saber a dónde. Pegóse a un muro, para dejar que una carretela, estallante de gritos y de cantos, pasase con áspero balanceo. Hasta el caballito, sacado de sus sueños, trotaba con vigorosos golpes de cascos, contento de la alegría que mojaba sus lomos como una llovizna de cristal.

Cortó el negror de la calle de arrabal el estrépito llameante de un tranvía y en la dirección de sus rieles corrió Pichuca decidida, orientada por su instinto. En esta nueva soledad sentíase segura de sí misma, mucho más que en la penumbra soledosa del conventillo.

De sus padres no se acordaba. Su autoridad murió ante la del niño Dios y ante su noche buena, en cuyo enigma luminoso un payasito de Talagante sonreía con su ancha boca pintarrajeada y hacía cabriolas grotescas, apenas sus dedos, apretados con nerviosa Impaciencia, juntaban los maderos del trapecio.

Una avenida cuajada de luces se abrió ante ella. Tranvías repletos de gentes alegres, de niños que llevaban osos peludos y payasos de trajes vistosos, corrían entre regueros de chispas y campanilleos ruidosos. Hacia el corazón de la ciudad, rojo temblor de luz en el cielo llevaba una muchedumbre anónima su ruidosa despreocupación Entre ellos, Pichuca era un trapito sucio y maloliente.

En vano levantaba los ojos hacia sus caras, no respondían egoístamente distraídos. Sentían sola. Y entonces, en un gesto de angustiosa defensa apretaba el retazo de pañuelos contra su busto descarnado. Y esto quería decir mucho; por lo menos, el no tener un juguete, cualquier cosa que apretar contra su corazón henchido de misteriosas aspiraciones, ávido de goces imprecisos

El azar la puso, en el desordenado flujo de la multitud alegre, frente de una pequeñuela regordeta, sentada en la humilde puerta de una casa humilde. Estaba sola, curiosamente abiertos los ojos infantiles. Aislada como ella. Así le pareció a Pichuca. En sus brazos, un gran mono de carey, vestido como una guagua, daba la impresión de mirarla con curiosidad. La niña le hablaba a su muñeco barnizado. Dirigíale tiernas palabras:

—¿Tiene hambre el niñito? ¿No? Tiene hambre.

Pegada a la pared, Pichuca la observaba con pedigüeño titubeo. Una súbita ternura subió a su garganta. Poco a poco se fue acercando sin hablar.

La niña advirtió su presencia; de pronto se puso de pie bruscamente abrazando al mono con gesto protector.

Gritó agudamente hacia el interior de la casa:

-¡Mamá, una chiquilla rota! ¡Mamá, una chiquilla rota!

Antes que la mamá acudiera a los gritos de la niña, las piernas flacas de Pichuca, aptas para todas las carreras, cruzaron la calle. En unos segundos estaba en la acera y corría en las ondas de otra corriente humana Pero una espina se clavó en su corazón. Una espina aguda que perforaba su corazoncito palpitante.

—¡Chiquilla rota! ¡Chiquilla rota!

Pichuca no se daba cuenta de lo que esto significaba. Era para ella un enigma como el rechazo de la niñita del mono de carey. Pensó volver al conventillo, y, sin moverse permanecer en su pallasa crujidora, no sentir sino las carreras de las baratas en la pared o el tictac del misterioso reloj de la pobreza, pero la multitud que caminaba por la acera pegada a los muros fríos de las casas detenerse, segura de sí misma la fundía en su violento deseo de libertad y de goce. Hacia el río siguió sin darse cuenta. Junto a la vitrina de una pastelería de barrio, mismo vaivén de la muchedumbre la detuvo algunos segundos. Las tortas amarillas con ribetes de mermelada y merengues, animaron su lengua entre sus dientecitos ratoniles con nerviosa celeridad. ¡Con qué envidia veía entrar al interior iluminado a los niños de la mano sus padres o de sus mamás.

La espina se hundió más en su corazón y su manecita negra la revolvía con inconsciente terquedad. Era, sin embargo, un corazoncito fuerte, confiado ,a quien el Niño Dios protegía en esta noche única.

Por eso nada la amedrentó en adelante. Eso si ,un abismo se había creado el entre el mundo y ella y ,ella orgullosamente se había puesto sobre el mundo.

Asomada al pretil del río negro, bullanguero respiró un instante con egoísta libertad. El ruido metálico de la charanga de un circo golpeaba sus oídos, resonaba dentro de su cabeza. Un rosario de luces rojas y amarillas prendíase a la noche. Y la carpa, traspasada de luz, ondeaba al viento que venía de las cordilleras como un gran trapo suelto. Se fue acercando poco a poco. Prudencialmente ahora. Y cuando estallaba un aplauso y sombras nerviosas se desplazaban en el blanco lienzo transparente, un escalofrío de placer recorría sus nervios excitados.

No se acercó a la puerta del circo, aunque en su cabecita astuta la idea de colarse por debajo de la carpa le pareció muy fácil de ejecutar. Una tranquila resignación. Había sustituido a su afán de acercarse a la muchedumbre. Ya nada la asombraba. Seguía adelante sin curiosidad alguna como si fuese a dejar los zapatos de su padre a un cliente del barrio de las Hornillas. Atravesó, de este modo, el puente y entró en la calle 21 de Mayo. No envidiaba, ahora, a los niños que por las aceras arrastraban carritos o hacían sonar ruidosas cornetas. Veíalos pasar indiferente. No buscaba los ojos de los transeúntes ni osaba acercarse a los chiquitines burgueses que pasaban junto a ella. Frente a una gran vitrina iluminada, miró curiosamente los enanitos barbudos de piernas cortas y gran cabeza, como los de los cuentos que le oyó a su madre junto al brasero, y la hicieron estallar de alegría los grandes osos peludos, parados sobre una nevada de algodón, en la actitud de dar un abrazo.

Su asombro rayó en el pasmo cuando al llegar a la Alameda, vió girar la gran rueda luminosa, que se hundía en la noche espolvoreada de luna, con su carga de hombres y mujeres. para reaparecer, en vertiginoso volteo. chorreante de luces y estridentes sonidos.

Durante media hora, pegadas a la reja de un carrusel sus negras manitas, miró galopar los caballos fantásticos, que los niños manejaban confiados, sin embargo.

Pero aquí la esperaba, oculta en la sombra, su segunda prueba de Noche Buena. Esta vez no fué ella la que tuvo contacto con la multitud que la rodeaba sin aceptarla. No, no fué ella. Las manos aferradas histéricamente a la baranda del carrusel, miraba el rodar de los carritos y el balanceo de los caballos grises blancos de revueltas crines. Fué una mujer gorda la que reparó en ella. Una voz chillona la hizo pensar que no estaba sola en el mundo y que aún para mirar los carruseles desde afuera, es preciso llevar zapatos y vestidos limpios.

-Llévate a Pepito, Salustio, que esa chiquilla debe tener piojos.

Y el marido, mirándola de través, se alejó rápidamente con el chico, al extremo opuesto del carrusel.

No se molestó Pichuca en lo más mínimo: su experiencia la defendía como un escudo. Sabía que no era de la raza de esos niños que tienen juguetes y viven en grandes casas llenas de luz. Sabia que no era de esa raza, pero ignoraba aún de dónde provenía, aunque viviese en la misma ciudad y bajo un mismo cielo.

Por lo demás, sus piececitos eran sabios en las astutas carreras para hacerse invisible en el conventillo o en medio de la calle, aún en la tibieza lunada de la noche pascual.

Tumultuoso hervir de gentes y gloria de luces que despertaba a los viejos olmos soñolientos, cargados de polvo, prolongábase en interminable perspectiva hacia adelante. Y dentro de este murmullo vago, de corriente lejana, las voces de heladeros y vendedores de frutas taladraban la gasa inmóvil de polvo en suspensión. Sólo una voz ronca de vieja persistía en el bullicio, a
fuerza de repetir el mismo pregón:

—¡Como en la arbolera, las peras!

Y en el aire quieto, empapado de temblorosa luz, el aroma picante de las albahacas y el agrio de los claveles y clavelinas campestres, respiraba a ratos en oleadas cálidas.

—¡Como en la arbolera, las peras!

Pichuca se detuvo de improviso en su camino: una corneta de cartón quizá olvidada por un niño, blanqueaba en el piso polvoriento. La miró ávidamente, esquivando los encontrones de la gente y temerosa de perderla de vista.

¿Volvería a buscarla el niño que la perdió? ¿La encontraría otra antes que ella? Violentos latidos de su corazón la detuvieron. Alguien podía pisarla y deshacerla; pero, ¡oh milagro inesperado!, la multitud pasaba cerca de la plebeya bocina sin tocarla. Una enorme bola de conscripto, la de un gigante, se imaginó Pichuca, puso su doble suela a un milímetro de la corneta. La niña estuvo a punto de lanzar un grito de alarma, pero la bota formidable se achicó repentinamente y, vuelta a su tamaño normal, se unió a su compañera y continuaron sonoras y torpes su camino, sin rozarla. No supo la niña cómo se encontró junto a ella. No había sino inclinarse y tomarla, pero el recuerdo de la niña y de su grito insultante —. ¡chiquilla rota, chiquilla rota!— paralizó su intento. Sin embargo, la sonrisa del Niño Jesús del conventillo y el rayo de luna prendido en el vidrio de la estampa, habían hecho brotar como un lirio mágico la confianza en su almita desolada. Se inclinó y tomó el juguete, lo ocultó bajo el rebozo y anduvo algunos pasos, pero un violento deseo de poner la boquilla de la corneta en sus labios la hacia rechinar los dientes como en un escalofrío y el loco sonajeo de cornetines que azotaba el aire espeso hacía su deseo cada vez más apremiante.

Terminó por sacar la corneta de debajo del rebozo. Al ponerle los labios, una duda atravesó su cerebro. ¿Y si la corneta no sonaba? ¿Si había sido abandonada por inútil o si el Niño Dios la castigaba por haberla tomado del suelo sin que nadie se la diese? Volvió a esconderla; pero, en un súbito arranque, la puso en su boca: un largo sonido brotó del interior. Con toda la fuerza de sus pulmones, Pichuca tocó su anónima corneta. Las ásperas vibraciones borraron su angustia y le dieron una personalidad en medio de la multitud. A los mil ruidos que por todas partes se cruzaban como regueros de chispas, había unido el suyo, virginal, Era un canto de libertad, rudo, primitivo, pero su vida tenía un objeto en este instante.

Su exaltación no duró mucho Ahora la atenaceaba algo más apremiante y que el esfuerzo de media hora hizo agudamente trágico: el hambre. Y esto era más difícil que tomar del suelo una corneta perdida.

Insidiosamente, por la espalda, llegó hasta sus naricillas ávidas el aroma penetrante de los duraznos primaverales Se volvió como un resorte. Pilas de bolitas granates de piel brillante como un terciopelo dorado por la luz de un candil, se amontonaban frente a una mesita. Detrás, un viejo barbón, de voz atiplada, gritaba, al mismo tiempo que con una rama espantaba las moscas.

—¡A los pelaítos priscos! ¡A los pelaítos priscos!

Aproximóse más al viejo. Sus dientecillos hambreados, casi se disolvían entre la saliva ¡Qué dulce debía ser el jugo de esos duraznos maduros! Había tantos, tantos, y, sin embargo, aquel viejo de barba blanca no le daría ninguno.

Vínole, de pronto, el impulso de pedirle con voz humilde, muy triste, uno, uno solo; pero no se atrevió: El grito de alarma de la niña del mono de carey resonó en su recuerdo una vez más:

¡Chiquilla rota! ¡Chiquilla rota! rota!

Y con infinitas precauciones fué retrocediendo para que el viejo no la advirtiese. La punta del pañuelo se levantó con dolorosa lentitud hasta sus ojillos lagrimecidos; pero estas crisis le duraban poco a Pichuca, muy poco. Se aisló del río humano que se deslizaba por el centro de la Alameda, tras el tronco de un árbol. El viejo olmo colonial pareció protegerla con el ancho abanico de sus hojas nuevas. Nadie la vería allí. Adormilada, se estuvo quietecita, como fundida con la dura corteza, pero alerta al menor ruido. Poco a poco se fué corriendo por el tronco hasta sentarse en las raíces y el ruido sordo de la ciudad que rompía en inesperados gritos y cornetazos estridentes se fué apagando para Pichuca; pero sorpresivamente tuvo una brusca vuelta a la realidad. Algo leve,
como si alguien invisible llamase su atención, tocó la punta de su piececito desnudo. Pensó en una barata o en un San Juan atontado por la luz que subiese por el empeine, y fué acercando precavidamente su mano para cerciorarse.

Nada en el empeine. No quiso retirar su piececito del punto en que sintió el roce, imaginando que este llamado misterioso no volvería a repetirse si se movía.

¡Dios mío!, ¿qué es esta bolita blanda, enorme, que cede a la presión de sus dedos? No es un insecto, no. No hay movimiento alguno de patas asustadas.

¿Quizá una pelota que ha venido rodando hasta sus mismos pies desde el centro de la calzada? Tomóla entre manos , y su olor penetrante lo delató. Era un duraznito de la Virgen, oliente aún a primavera. En una envoltura color rubí ocultaba el tesoro de su carne dorada, él secreto de las huertas anónimas de los conventillos. Con su habitual gesto de desconfianza, lo escondió bajo el rebozo, observando a su alrededor.

El viejo de barbas blancas seguía impasible ofreciendo a la multitud pasajera sus pelaítos priscos. Se callaba, sólo para vender a su público de sirvientas y conscriptos las docenas de duraznos de diciembre, envueltos en cartuchos de diario De aquel montoncito oscuro y aromático debió rodar el
durazno como un pedrusco por la falda de una colina minúscula. No había duda. De pronto, su corazoncito comenzó a latir apresuradamente. En la tierra, a sus mismos pies, había cuatro duraznillos más, opacos de polvo. Cuatro movimientos astutamente espaciados y las cuatro bolitas oscuras estuvieron en sus manos.

Dando la vuelta al árbol, se alejó Pichuca con su tesoro hacia un costado del paseo. sola, con fruición egoísta los fué limpiando hasta dejarlos relucientes como bolas de carey. Sus dientecillos ansiosos se clavaron en la pulpa azucarada y fresca de los duraznos. Satisfecha, alegre casi, echó a andar entre la muchedumbre. Los niños y sus juguetes coloreados ya la interesaban.

Una llamita tibia dulcificadora, animaba su cuerpo, y en esta llamita sonreía el Niño Dios que le regaló una corneta o hizo resbalar para ella los duraznos de la mesilla del viejo de las barbas blancas.

Al oír los repiques alegres, precipitados, con que un monaguillo juguetón se entretenía en el campanario de la iglesia, allí mismo a dos pasos no dudó del milagro protector. Llenaban el aire esos repiques. Chocaban los sonidos entre si. Reíanse las campanas apagando voces, cornetas y tambores.

Frente a ella abriase la ancha puerta iluminada, que le recordó la de su cuarto, encendido de plata lunar. Una interminable fila de mantos perdíase en el dorado resplandor del temple, y en la ola humana que penetraba se escabulló Pichuca al interior. Creyóse repentinamente en la gloria. Así cuajada de luz la concibió en sus sueños de niña pobre. En torno a las imágenes resplandecían rosarios de luces o arcos de oro semejantes a divinas aureolas. Súbitamente quedó inmóvil, paralizada. La realidad de su sueño estaba allí, palpitante, frente a ella.

El mismo Niño Dios sonreíale desde un altar, pero vivo esta vez. El dedito gordezuelo alargábase con cariñoso imperio hacia las cabezas de hombres y mujeres, extrañamente suavizadas por la luz.

En torno a Jesús la piedad popular había amontonado corderillos albos, pájaros deformes, monitos de greda en extrañas actitudes.

En un extremo de las gradas arrodillóse unciosamente y en su boquita sucia sonó la ingenua oración infantil con un gargarismo de agua corriente.

Luego dejó con toda clase de precauciones su cornetita entre los corderillos y los pájaros.

Sentíase cansada. El sueño había tocado con su ala de seda sus ojos visionarios. Andaba a tastabillones, tropezando con todo el mundo, que se apartaba con sorprendida brusquedad a cada choque, y en la angustia de no poder detenerse y descansar sin sobresaltos, la hirió, como una punzada, la vuelta a su casa. Debía encontrarse en ella antes que sus padres llegasen, pero el conventillo parecía estar al otro extremo del mundo, en un punto adonde ella no llegaría nunca.

Habíalo borrado casi de sus recuerdos. Los rezos, la risa continua de las campanas y el aroma del incienso pascual, terminaron por marearla. Su dolor sólo era un llanto calladito, ronco, que nadie pedía oír en aquel momento. Andaba maquinalmente, mientras su cabecita envolvíase en sombras. Un mundo nuevo germinaba en esa obscuridad. Sobre un colchoncillo crujidor durmió unos segundos, y luego, empujada por la marca de fieles, su cuerpo casi exánime tropezó con un tabique de un confesionario y se deslizó hacia el ángulo que éste formaba con la pared.

No se movió ya. En el rincón de sombra, nadie pudo advertir ese bultito harapiento, acurrucado, casi muerto; ni el propio sacristán, que apagó uno a uno las cirios humeantes y cerró después, las enormes puertas coloniales de la iglesia.

Pichuca dormía ya profundamente, olvidaba de todo. En un comienzo le pareció que bajaba desde muy alto, por entre las estrellas, sin tocarlas nunca, con una suave vacilación de plumas que desciende. Imaginóse que unas alas le habían brotado de las hombros por entre las roturas de su rebozo, cuyas puntas, al bajar, se agitaban en el aire puro, transparente, lleno de luminoso sosiego.
Y nada más, Pichuca no alcanzó a notar el silencio de las grandes campanas ni la soledad gris del templo donde brilló como un astro de fuego la lamparilla votiva, ni menos la fuga del incienso a través de los vitrales entreabiertos, a fundir su azulada tenuidad con el alma roja del polvo, detenido sobre la noche.



Fuente ambos cuentos :http://www.bibliotecasvirtuales.com



Navidad,blog


Hugs and Kisses



"Medianoche" y "Adicción" de Claudia Gray + descargas PDF


Hace mucho tiempo que debo mi opinión sobre estos libros. La verdad es que cuando vi "Medianoche" en librerias pensé , por ahi por marzo"Puaj! más imitaciones de Crepúsculo, como is ya tuvieramos suficiente". Me engañé con la portada, la cual fue sólo una estrategia de marketing, ya que como pueden ver arriba de estas letras, la tapas originales de los libors de Claudia Gray son muy distintos a los distruibuidos en latinoamérica.

Finalmente, leyendo blogs y webs que recomiendan libros, me enteré de que era un historia completamente distinta , más gótica , diferente aunque igualmente romantica, sin final a lao O.C y ambientado en un internado,"Como Harry Potter" me dijo una vendedora, cuando fui a preguntar por el libro.

Finalmente, luego de bajar los PDF ( no recuerdo de donde y por más que busqué hoy las páginas hoy no las encontré), porque mi primera idea fue leerlos del pc. Estaba muy pobre por aquella época, pero finalmente papá ofreció regalarme dos libros por mes y pude acceder a codicados libros, entre ellos "Medianoche".

Antes de empezar mi pequeña reseña, debo decir que aqui no hablamos del premio nobel, pero si de novelas bastante entretenidas las cuales me agradaron, sobre todo porque se notaba que la autora hizo bien su trabajo de recopilación de información. Esto se agradece cuando se lee un libro de este tipo, ya que con ello puede construir una mitología y darte sorpresas inesperadas. Es decir, se nota que estudió distintas tradiciones vampiricas, leyendas de todo tipo, libros de literatura clásica, de amor y terror , entre otras cosas de lo cual se percatarán cuando lo lean, (entre ellas la influencia de ciertas series de television, pero eso es una idea mia), lo que le permite una eficiente descripción de los sicológica de personajes y ambiente. Se agradece sobremanrea que Bianca no sea tan estúpida como Bella...oh! cuanto disfruté de una protagonista con neuronas.!


Bianca no soporta quedarse en el internado exclusivo donde sus padres han ido a trabajar y decide escaparse el día en que comienzan las clases. En ese fuga conoce a Lucas, un chico rubio y de ojos verdes, bastante simpático y extraño por el cual se siente atraíada inmediatamente. Lo peor vendrá luego, cuando se revele la naturaleza vampirica de Bianca y el secreto de Lukas, relacionada con una organización llamda "Cruz Negra" , lo cual hace practicamente imposible su amor.

Me gusta bastante la descripción de los personajes secundarios, como Rachel la amiga humana de Bianca, Balthazar,el otro pretendiente vampiro de Bianca del cual soy fan y de todos en general, aunque no voy a decir que es una acabado y perfecto estudio sicológico de sus criaturas, por parte de Claudia Gray. Sin duda el mejor logrado de todos es Balthazar, con su parcimonia y gallardía. Lucas no me agrada, su tinte de niño rebelde me tiene un poco aburrida y Bianca, bueno, al menos piensa es culta, y tiene buenos gustos en música, pintura y libros

Me encantatan las referencias que se hacen a otros tiempos por parte de los vampiros que habitan el intrenado ( espero que se amplien en los damás libros que faltan) y las obras citadas en las clases de literatura, porque me dan la agradable impresión de que la escritora habla de algo más que una historia de amor... haya algo, un rastro, que me dice que encontraré más cosas esperando en el camino...

Tiene partes interesantes, como porque un vampiro se ve o no en un espejo, o el hastío que se siente vivir eternamente, o la función del internado, el cual es poner al dia a los vampiros más antiguas , o simplemente perdidos en esta "aldea global",sobre como ha evolucionado el mundo...incluso tienen un curso de "tecnologia moderna" para enseñarles a usar un mp3 o un juego de video. Eso lo encontré genial

Ahora, se plantea una interrogante al final del primer libro, ¿por qué la directora del internado, la Señora Bethany, permite alumnos humanos en el internado luego de años de ser solo un refugio para los de su raza?, ¿que es lo que busca la estricta directora?, ¿ y lo busca sola? . A su vez se insinua otra pergunta ¿como pudieron los padres Vampiros de Bianca concebir un ser que nació para convertirse irremediablemente en vampiro?

A mi juicio es bastante buena esta novela, aunque para mi la más floja de las dos que hay hasta este momento y hay momentos en que cuesta engancharse. 3 estrellitas de 5 ^^



Bianca y Lucas se ven en secreto. Balthazar sigue cortejando a la chica y un nuevo e intersente personaje aparece, Charity la hermana de Balthazar. Lucas que ha sido mordido en el libro anterior, más de una vez por Bianca, ha dasarrollado poderes vampiricos, pero rechaza la opción que Bianca le ofrece de trasformarlo en uno de ellos, convirtiendose al mismo tiempo, ella, en un vampiro completo. Para poder mantener sus encuentros en secreto, Bianca debe hacerse pasar por la novia de Baltahzar, por el cual comienza a sentirse atraída, y ayudarlo a encontrar a su hermana.Pero algo pesrsigue a Bianca: Los fantasmas, que desean llevarsela con ellos, es decir matarla, para impedir que ella se convierta en vampiro. Porque , debido a su milagrosa concepción, ella es mitad fantasma y mitad vampiro...esa revelación hece que el segundo libro sea realmente entretenido y el descubrimeinto conjunto de que los alumnos humanos del internado han tenia todos contactos con estas entidades, me hace pensar que la Señora Bethany ,la rectora, y quizá un grupo mayor de vampiros estan buscando la manera de encontrar la forma de crear vampiros sin recurrir las vias "normales". Realmente no se sabe que va a pasar y la historia de amor, si bien sigue siendo importante, pasa a segundo plano con esta revelacion. Ahora tenemos en contra de el amor de Bianca y Lucas, los cazadors de vampiros, los entes de ultratumba y los vampiros.

Al fnal de este libros se plantea lel dilema de quien es realmente bueno, los vampiros, los fatasmas, los humanos que cazan vampiros despiadadamente...esa dianmica moral encuentro que eleva el segundo libro a bueno. Todo el mundo de Bianca se ha trastocado y la incertidumbre recorre su alma al finalizarlo.No se sabe que se encontrará ne le futuro y yo espero que más sorpresas oscuras y caoticas.Lo unico seguro que tiene Binaca es a Lucas...¿pero realmente no se apartará de ella sin importar la situa ción?...

Me encnató tanto "Adicción"que me lo lei en un dia. Con eso creo que lo ilustro todo.


Le doy 4 estrellas de 5 ^^


***

Definitivamnete me gusta mucho más que la saga "Twiligth" .Tiene ideas interesantes, sorpresas inesperadas, está bien docuementada,insito en ello, tiene una trama atrapantes, sobre todo el segundo tomo, y escenas romanticas bastante "reales", lo cual creo agradará al público que gusta del amor apasionado, Hay de todo humanos, fasntasmas y vampiros ,buenos y malos, que a al menor parpadeo se trasforman en lo contrario, engaños, miedos, secretos, traiciones etc. Muy superior a cuaqluiera de "Crepúsculo" que no pasa de una entretención vacía. Pero en ningún caso, y en esto insisto, es lo mejor que he leido este año..pero si lo mejor de la "nueva producción vampirica" que se esta dando.

Debo mencionar que la saga no está completa, falta "Hourglass" , que yo traduzco como "Reloj de arena" ( se espera para el 2010) y "Afterlife" , traducida por mi personita como "Después de la Vida " (2011). Estoy esperando ansiosa que salgan los libros restantes, porque deseo saber los secretos que aun faltan por descubrir y como se las arrglaran Lucas y Bianca para tener un hapilly Ever After, si es que lo tienen...muhahahah!!!!

Asi que chicos, se los recomienindo como regalo de navidad...es un dinero bien invertido =)

***


{ARCHIVOS ACTUALIZADOS EL 19 DE JULIO DEL 2010.LA WEB DE ALMACENAMIENTO ANTERIOR ESTA INUTILIZADA, AHORA YA PUEDEN DESCARGARLOS ^^}

Recuerda borarlo cuando lo hayas leido, o lo compres, los derechcos de autor son muy importantes.

Si tiene tiempo, lean un cuento cortito titulado *SONRISAS*, en mi blog de cuentos, por mientras subo el tercer capitulo ,que casi esta completo de mi cuento /anime "La Chica de la Campana" =)


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Hugs and Kisses








viernes, 18 de diciembre de 2009

Una leyenda Artúrica ambientada en estas festividades: "GAWAIN y EL CABALLERO VERDE"


En la Corte de Arturo la fiesta de noche vieja fué interrumpida en unas ocación por la iruupción de un Caballero Verde que llevaba un hacha en la mano. Con ella, retó a los presentes a cortarle la cabeza.La apuesta era era que tenían que someterse al mismo trato la nochevieja del año siguiente.

Gawain , sobrino de Arturo, aceptó el reto y cortó la cabeza del extranjero de un sólo tajo.Creyendo que la partida había terminado, todos quedaron asombrados al ver que el cuerpo verde recogía la cabeza y se iba del lugar.En su camino la cabeza llamó a Gawain y le dijo que al cabo de doce meses se presentara en la Capilla Verde.

A Gawain le costó diez meses encontró la Capilla Verde. Por Nochebuena llegó a un castillo situado a poca distancia del lugar al que se dirigía, y su señor, Sir Bertilak, le invitó a pasar allí las Navidades.Bertilak le propuso descansar antes de la prueba y ser entretenido por su esposa.Bertilak pretendía pasar el tiempo cazando y decidió que cada noche él y Gawain se cambiarían lo que habían cobrado durante el día.

Bertilak desapareció con sus sabuesos darte tres días mientras su esposa visitaba la habitación de Gawain. Este no recibió de ella más que besos, que cambió cada noche a su anfitrión por la caza.Pero el trecer día Gawian recibió de la dama algo mas, un cinto verde que no mostró a Bertilak.

Llegado el momento Bertilak proporcionó una guía para que le condujese a al Capilla Verde.El guía trató de asustarle avisándole de los peligros del ocupante.Pero Gawain siguió su camino con valor.En la Capilla lo esperaba el Caballero Verde con el hacha preparada, Gawain se quitó le yelmo y se arrodilló ante él, el caballero le asestó sobre el cuello tres hachazos finguidos.El tercero le rozó y su sangre brotó.

Gawain estaba perplejo, hasta que su torturador le explicó que era Bertilak trasnformado por la bruja Morgana a fin de poner a prueba a los caballeros de Arturo.Los dos primeros hachazos que le lanzó correspondían a las dos veces e que Gawain había entregado fielmente lo logrado durante el día.El tercero , del que brotó sangre, era un reproche por no haberle entregado el cinto verde.

A partir de entonces Gawian llevó siempre el sinto verde para recordar su error.


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Hugs
and Kisses




jueves, 17 de diciembre de 2009

LizPascuera...



Todos los años se hace una campaña en Correos para que los niños de escasos recursos puedan tener regalos para navidad. Hace años que participo. Mamá desde pequeña me enseñó a , dentro de mis posibilidades, hacer regalos a los que poseían menos que yo en estas fechas. Al principio lo hice mediante las Casas que carabineros tiene para niños sin familia, luego a través de un fundación que se distribuye por todo el país, ya que ahí trabajaba una amiga y luego por medio de Correos.

Se lo que se siente cuando uno es pequeño y no tiene regalo o algún presente. Y si bien yo lo tomaba muy maduramente (creo que debí patalear más cuando pequeña en vez de ser una "miniadulta", así mi salud mental sería mejor), pensando que al menos tenía una casa y padres amorosos, pero igual en el fondo de mi corazón me dolía. Así que trato de que al menos cada año haya un niño que no pase por esa experiencia triste =)

Generalmente escojo una o dos cartas, especialmente de niños entre 3 a 10 años, porque son los que más ilusiones se hacen y piden cosas como juguetes o pelotas y no MP4 y celulares O_o

Este año papá me regaló dinero para que me comprara ropa para el verano, ya que estaba bastante escasa de prendas...pero me o gasté todo en regalos ^^. Sólo me compre unos zapatitos que necesitaba, porque me había pasado los últimos años sólo con hawaianas ^^. Pero no me importa.Igual encontré tarde un libro que me interesa, pero eso, al aldo de la cara de felicidad de quienes amo, es algo prescindible.

Mamá es muy austera, de manera que si yo no le compro cosas superfluas como perfumes o pendientes....no los tendría. Papá es difícil de complacer pero siempre encuentro algo campestre que lo haga feliz.Y a ambos le gustan los libros.Y mis amigos, procuro comprarles una mezcla de juguetes y cosas practica...no todos son tan nenes como yo, a esta altura del partido^^.


Bueno , este año me envicié en correos...saqué cuatro cartas!!!!...y me pasé todo el viernes pasado recorriendo, con mi Amigo Gatote, las tiendas para obtener los regalos más lindos.


1.- Una pequeña me pedía un diario de vida, "pues siempre deseó uno pero nunca había podido tenerlo".Eso fue una "misión imposible" .Como ahora las nenas usan las agendas como diarios de vida, casi no hay.Pero encontré, suertudamente, escondido e una pequeña tienda , uno de Sara Key, precioso, pequeño pero con las hojas maravillosamente adornadas y un candado firme ( a prueba de hermanos ^^). Le agregue un lápiz de tinta rosa con olor .


2.- Otra nena le pidió a Santa un set para hacer pulseras y collares. Me costó encontrar uno grande ...todos eran pequeños, porque como las niñitas son pretenciosas, es lo primero que se agota. Menos mal que había uno en una tienda Disney. Como supongo que le gusta arreglarse a sus 7 años, le puse También un cintillo rosa y un esmalte de uñas del mismo color.


3.- La tercera chica tenia al rededor de 10 años, le pidió a Papa Noel la agenda de Hanna Montana (en realidad cualquiera agenda, pero esa le gustaba ^^), una colonia de guagua con spray y una bolsa de dulces surtido "porque le encantaba comer golosinas". Ella fue la menos dificil de complacer. Me ocupe si de que la colonia fuera de guagua, pero unas que viene con unas haditas haditas brillantes en la caja y en el envase y se la envolví a parte. Es que a esa edad a uno le encanta sentir las cajas debajo del papel, porque da pajaritos en estómago de tanto peguntarse que será lo que hay dentro.

4.-La última era la más humilde en su petición. Y a mi me emociona porque se llama como yo.Es el segundo añoque me pillo con su carta y se me arruga el corazón cuando la veo. Su joven mamá pedía para ella, de 4 años, un bloqueador solar" pues soy muy blanquita" y unos zapatitos tipo chinita. Pobresita! nada para la chiquita. Recuerdo que el año pasado pidó un juego de te y yo le regalé uno de porcelana. Recorrí muchas tiendas buscando zapatos tipos chinitas.Habían unas baratas de lona y plástico, pero no me agradaban. Hasta que di con unas chalitas Buble Gummers, rosadas , con florcitas un poco más fucsia ,preciosas, con la suela aromatizada olor fresas.Me enamoré de ellas. Espero que le gusten y creo , sinceramente, que andará más fresca con ellas que con unas chinitas. Le agregue una muñeca , blanda , pero que parecía una barbie grande. como a los 4 años ya ven televisión...

Esta mañana envolví los regalos dentro de bolsas de papel café y les puse cintitas, corcheteandoles las cartas donde viene sus direcciones. Además compre unas bolsitas que parecen de gasa con estrellitas y lunas para ponerles caramelos.Mamá me ayudó...es que aun me duele donde me pegaron cuando me atropellaron @_@...


Así que como a la una y media me encaminé a Correos con mi preciosa carga.Espero que no se pierda ningún regalo en el camino y que todas las pequeñas sean felices en navidad...por mi parte me siento menos deprimida y triste, porque hacer algo por otros da una inmensa alegría al alma...


Navidad,blog



Hugs and Kisses








"GREENSLEEVES" canción tradicional inglesa, música y letra.



No puedo evitar subir este video que encontre mientras buscaba música navideña para el blog.Es una delicada y bellísima versión del la canción tradiconal Inglesa "Greensaleeves" (Mangas Verdes , en español) atribuida a Enrique VIII de inglaterra, quien supuestamente la habría escrito para su amor de aquel tiempo Ana Bolena. Lo cierto es que las fuentes discrpean en esto ya algunas sostiene que pagó para que un músico la compusiera.
Sea como fuere lo que me importa ahora es que vean lo hermosa de la interpretación. Acompaño la letra , si les interesa puedo traducirla. =)






Greensleeves

( posiblemente escrita por Enrique VIII de Inglaterra,
en al centuria del 1500)

Alas, my love, you do me wrong,
To cast me off discourteously.
For I have loved you well and long,
Delighting in your company.


Greensleeves was all my joy
Greensleeves was my delight,
Greensleeves was my heart of gold,
And who but my lady greensleeves.

Your vows you've broken, like my heart,
Oh, why did you so enrapture me?
Now I remain in a world apart
But my heart remains in captivity.

Greensleeves was all my joy
Greensleeves was my delight,
Greensleeves was my heart of gold,
And who but my lady greensleeves.

I have been ready at your hand,
To grant whatever you would crave,
I have both wagered life and land,
Your love and good-will for to have.

Greensleeves was all my joy
Greensleeves was my delight,
Greensleeves was my heart of gold,
And who but my lady greensleeves.

If you intend thus to disdain,
It does the more enrapture me,
And even so, I still remain
A lover in captivity.

Greensleeves was all my joy
Greensleeves was my delight,
Greensleeves was my heart of gold,
And who but my lady greensleeves.

Ah, Greensleeves, now farewell, adieu,
To God I pray to prosper thee,
For I am still thy lover true,
Come once again and love me.

Greensleeves was all my joy
Greensleeves was my delight,
Greensleeves was my heart of gold,
And who but my lady greensleeves




Espero les haya alegrado, de alguna manera, el alma...


Hugs and Kisses








Que tus pasos sean benditos, Viajero

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