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viernes, 30 de septiembre de 2011

ALL SOUL'S NIGHT


No se porque, pero siempre me han gustado los cementerios. No es que conozca muchos, pero me llaman la atención, sobre toda la parte más antigua, como la del cementerio de Concepción. Ahí es donde están las tumbas de 1800, grandes bóvedas tapiadas que ya nadie visita y que parecen viejas mansiones con patios desgarbados, de estatuas silentes, amorosas cuidadoras y árboles ancianos que se mecen al ritmo de las almas olvidadas. Me quedo mirándolas, callada y respetuosa, maravillada de su vejez e imponente presencia, preguntándome por sus habitantes, de sus vidas y de sus muertes, de sus amores y desdichas, de su felicidad y engaños. Las admiro como a una caja de recuerdos preciados y las venero como custodias del portal de la vida eterna.
Quiso el destino que uno de mis seres mas queridos quedara enterrado en esta zona de conspicuos y añosos habitantes. No imagino un mejor lugar para él, siempre amante de lo antiguo y ancestral, de lo especial, excéntrico y porque no decirlo de lo curiosamente raro. Realmente no puedo pensar en un sitio mas adecuado para su descanso, un lugar lejos de lo común y ordinario, completamente perdido en el tiempo.
Cada vez que lo visito debo pedirle a un asistente del cementerio que me guíe, porque llegar hasta él, es un viaje intrincado y lleno de recovecos, en el cual perderse es lo mas seguro. No podía ser de otra forma. Siempre fue fascinantemente complicado en vida, no podía serlo menos en la muerte. De modo que llegar hasta su tumba cobra, cada año, visos de aventura, como lo era visitarlo en su casa atestada de libros en el glorioso tiempo en que nos acompañaba en este mundo.
Este año con mamá le llevamos rosas. Pero no cualquiera, no señor. Elegí unas preciosas, recién llegadas a la pérgola, color te. Para él todo debe ser elegido con cuidado y estilo, lo ordinario esta aquí fuera de lugar. Yo creo que si le hubiese llevado claveles o los modernísimos liliums o astromelias me los habría venido a arrojar a la cama esa misma noche, con un tirón de orejas o se las habría dejado, subrepticiamente, a otro compañero de sepultura. Es que él era tan, tan, tan especial que no encuentro palabras adecuadas para describirlo mas que encantadoramente genial (ídolo es una opción, pero creo que no lo describe con suficiente justicia).
Bueno en esta visita conocí a otro ser extraño. Lo encontré por casualidad, perdida como siempre, buscando agua para el florero. Solo una roca señalaba su lugar de descanso, una roca informe como las que se sacan de las canteras, burda, sin retoque alguno. Solo tenía una pequeña placa con un nombre extranjero y una fecha, 1884. No pude evitar pararme quietamente y observar el lugar que debía ser una sepultura, pues no había ninguna demarcación que diera lugar a pensar en ella. La tierra estéril ,sin rastro de pasto alguno, no removida en machismos años cubría a ese “alguien” en que yo reparaba. Ni una humilde planta acompaña al dormido desconocido. No había ni una flor, ni un recuerdo, ni palabras, ni iconos en su honor, nada en absoluto .Y entonces vino a mi mente un poema de Bécquer, que dice “¡Que solo se quedan los muertos!”. Y en realidad mi nuevo conocido había estado solo, asumo, hacia incontables años, ahí callado en su rincón admirando amaneceres hermosos y tardes melancólicas. Pero ya no lo estaría mas, me dije, porque yo le haría un lugar en mi vida, su recuerdo resonaría en mi como el claro tintineo de una campana, al igual que mi abuelo paterno a quien no conocí y que adoro o mis otros parientes amados. Pues alguien muere, realmente muere, cuando ya nadie evoca su presencia, y mis muertos viven conmigo, a mi lado, en mi corazón, en mi “mundo” y les hablo y les digo lo mucho que los quiero o cuanto, cuanto los extraño. Entonces decidí acordarme de este desconocido, quien quiera que sea, para que su sombra no vague solitaria entre innumerables mortales afanados en adornar la última morada de sus ancestros. Porque algo en su humilde sepultura conmovió mi ser por completo y pensé , que tal vez, cuando mi cuerpo no sea mas que un despojo abandonado, la leve estela de una existencia extinguida alguien vea mi tumba y haga lo mismo por mi, insuflándome un poco de vida mientras espero la redención final de mi alma.

Escrito en noviembre del 2006



miércoles, 9 de febrero de 2011

The Lady of Shalott (La dama de Escalot) I: Estracto de "La Muerte del Rey Arturo", autor Anónimo + pinturas de Robertson, Giancola y Grimshaw

"The Lady of Shalott" G.E Robertson. 1900.

"Mientras el rey estaba pensando en esto, vio llegar la barca, que era tan hermosa y rica; se la mostró al señor Galván y le dijo. "buen sobrino mirad la más hermosa navecilla que jamás vi.Vayamos a ver que hay dentro-Vayamos, respondió mi señor Galván ".Entonces descendieron del salón, una vez abajo, contemplan la barca aparejada con tal elegancia que todos se admiraron."Por mi fe, exclama el señor Galván, si esta navecilla es tan bella por dentro como por fuera, será maravilloso"[...]El rey salta dentro y sigue al señor Galván .Al meterse encontraron en medio de la nave una cama hermosísima, con las cosas más ricas que pueda tener una cama hermosa, en esta cama había una doncella recién muerta que había sido muy bella, a juzgar por el semblante que mantenía aún.Entonces le dijo mi señor Galván al rey."¡Ay!, no os parece que la muerte fue muy villana y envidiosa al meterse en el cuerpo de una doncella tan hermosa, como no hace mucho era esta?-ciertamente responde el rey me parece que fue muy bella y es una gran desgracia que haya muerto tan jóven;por su hermosura me agradaría saber quién fue y donde nació"

"Elegy for Darkness-The Lady of Shalott" Donato Giancola.2004


La contemplaron largo rato y cuando el señor Galván la hubo admirado con detenimiento se dio cuanta que era la hermosa doncella a la que requirió de amor, aquella que dijo que no amaría más que a Lanzarote. Entonces le dice el rey "Señor ,se bien quien era esta doncella-¿Quien era?, le pregunta el rey decídmelo- Señor, contesta mi señor Galván, con mucho gusto; ¿Os acordáis de la hermosa joven de la que os hablé anteayer, aquella a quien os dije que amaba a Lanzarote con verdadero amor?-Si, responde el rey, me acuerdo bien; me contasteis que la habías requerido de amor , pero que ella se  había excusado de alguna forma -Señor, le interrumpió Galván, ésta es aquella de quien hablamos-Ciertamente , dice el rey, me pesa; me gustaría saber el motivo de su muerte, pues creo que ha muerto de dolor"

The Lady of Shalott - John Atkinson Grimshaw.1878

Mientras hablaban del asunto  mi señor Galván mira a la doncella y ve una limosnera muy rica en su cintura y-al parecer-no estaba vacía, ni mucho menos: mete la mano, la abre y saca unas cartas, que comienza a leerlas al instante.Decía así " A todos los caballeros de la Mesa Redonda saluda la doncella de Escalot.A todos os presento mi queja: no porque la podáis vengar jamás, sino porque os considero los más nobles y agradable del mundo, por eso os hago saber que por amar lealmente he llegado a mi fin.Si preguntáis quien ha sufrido la amorosa angustia mortal, os respondo que he muerto por el más noble del mundo y por el más villano: Lanzarote del Lago.El más villano que yo sepa, pues no le rogué con llantos y con lágrimas suficientes como para que tuviera compasión de mi; y ha estado tanto en mi corazón que ha llegado a mi final por amarle lealmente"


The Lady of Shalott reaches Camelot-Autor desconocido, 1887
[...]Decidme ahora,pregunta el rey,¿que haremos con esta doncella,pues yo no sé que decisión tomar.Fue gentil dama y una de las jóvenes más hermosas del mundo. Hagámonos enterrar con gran honor en la iglesia principal de Camelot y pongamos sobre su tumba letras que atestigüen la verdad de su muerte, de forma que aquellos que vengan despúes de nosotros lo rememoren.Mi señor Galván responde que está de acuerdo con esto.
Mientras contemplaban el escrito y a la doncella lamentado su desgracia; los demás nobles bajaron del salón y acudieron al pie de la torre para ver que había dentro de la navecilla.El rey hace quitar las telas que cubría la embarcación y ordena que tomen a la doncella y la suban a la sala; unos y otros se junta ahí para ver esa maravilla.[..]
El Rey hizo enterrar a la doncella en la iglesia de Camelot, en una tumba hermosísima y muy rica, sobre la que había unas letras que decía:

"AQUI YACE LA DONCELLA DE ESCALOT QUE MURIÓ POR AMAR A LANZAROTE"

Estas letras eran de aro y azur, hechas con gran riqueza.
La historia deja de hablar aquí del rey Arturo, de la reina y de la doncella y vuelve a Lanzarote

Estreacto de "La Muerte del Rey Arturo, de autor Anónimo, finalizada al rededor del año 1230



Hugs and kisses



domingo, 30 de enero de 2011

"La Rusalka" y La "Vila" almas en pena con rostros de muchachas entre los eslavos + el cuento completo dela "Sirenita" de Andersen


"Giselle" es mi ballet favorito, como pueden ver en esta arcaica entrada, la cual estaba leyendo hoy y que motivó este post.

Siempre he sido una romántica empedernida y más, cuando has visto este ballet a los 10 años ¬¬.

Para hacerles la historia corta Giselle es una hermosa y frágil campesina (no se porque no son brujas u otra cosa menos delicada ¬¬) que se enamora de un joven, quien resulta ser un principe (OHHHHHH!!!¿ a que no se lo imaginaban?), el cual, está comprometido (¬¬obvio).¿Adivinan que sucede a continuación? el malvado (que nunca falta y está loquito por la protagonista ¬¬) enamorado-de-la-dulce-doncella-y-quien-odia-al-guapo-contrincante se lo hace saber, con lo cual Giselle pierde la cordura y muere.Pero...se convierte en una willi (¡¡¡¡que manera de alucinar con esto, Dios Mio!!!).

Y...¿que es una Willi? dirán uds.: "Las Willis aparecen en una leyenda popular incluida por Heinrich Heine en su libro 'De Alemania'. Heine había recogido una leyenda eslava sobre las Wilis, doncellas vestidas con traje de novia, flores en la cabeza, caras blancas como la nieve y muy bellas, que murieron antes del día de su boda y que no tendrían paz en sus tumbas pues no podrían satisfacer su pasión por danzar. Así, a la medianoche, surgían de sus sepulturas y envolvían a cualquier hombre que se les acercara y lo obligaban a bailar hasta morir. El origen de la palabra Wili es una derivación del vocablo eslavo 'Vila' que significa vampiro,el plural es 'Vile' . Probablemente es una forma teutónica de 'vile', ya que la letra 'W' en alemán tiene sonido 'V´".¿Contentos con la respuesta?

¿Pero que pasa con nuestra tierna fatasma?...preservando su fuerte amor más allá de la tumba, se niega a matar a su amado (quien, DE NOCHE, sintiendo una culpa de los mil demonios por haberla matado de la impresión, ha acudido a su tumba, la cual, obviamente, se encuentra en medio de oscuro y tenebroso bosque), como se lo ha ordenado al reina de las Willlis, obligándolo a bailar hasta fenecer.

¿Final? Ella lo salva, interponiéndose  entre su amado y las otras willis y, tras jurarse imperecedero amor, con los primeros rayos del alba, él (mentiroso príncipe =P) la ve desaparecer como un giron de luz de luna ...y , obviamente, todos lloramos.The end.

¿Pero que dicen las leyendas sobre este tipode alma en pena entre los pueblos eslavos?

La creencia de que el alma se separa del cuerpo y puede abandonarlo durante el sueño y en la muerte se encuentra entre todos los eslavos.Denominadas zduhach, por los serbios, las almas de los durmientes se reúnen en las cima de las montañas y luchan entre sí.La victoria entre tales combates lleva las prosperidad ,pero si su alma perece no despertará jamás.

 

En Rusia las almas pueden adoptar la forma de la Kikimora, pequeño ser femenino de cabellera flotante que, al igual que el demovoi,mora en las casas,pero a la que no se le dispensa ta n buena acogida debido a su papel de oráculo de catástrofes. Tras la muerte de un campesino, se dejan abiertas las puertas y las ventanas de su casa paar que pueda salir su alma en forma de ave sin ser vista.El alma de los que mueren sin bautizar, en circunstancias violentas, o tras haber sido maldecidos por sus padres adoptan diversas formas.
Una nava es el alma de un niño que ha muerto sin bautizar o mortinato.Los macedonios cree que adopta la forma de un ave que vuela en busca de su madre y ataca a las mujeres que están dando a luz .Se puede liberar a estos seres  mediante una ceremonia de bautismo.


Mas conocida es la Rusalka, quien aparece ne las del sur de Rusia y Ucrania y hace referencia el alma de niños recién nacidos o de doncellas ahogadas.Les gusta cantar y se creía que los hombres se ahogaban por el hechizo que ejercía este.Con forma de atractivas muchachas,vestidas de hojas, seducían a los jóvenes aldeanos, quienes escapaban a sus moradas subacuáticas.Al final de la primavera, en la semana Rusalnaya, a séptima después de Pascua,sale del agua, se abalanza por detrás sobre sus víctimas en los campos y en los bosques y los mata.Le desagradaban especialmente las mujeres, y existen relatos en que trataba de robar el alma de muchachas incautas.También castiga a aquellas, entre otras cosas, por dedicarse a las tareas domésticas en la semana de Rusalnaya.Aunuqe para el Siglo XIX la Rusalka tiene un estrecha relación con los muertos se cree que esto se debe a una evolución posterior ya que sus orígenes podrían vincularse con la fertilidad y especialmente con la fiesta pagana de Rusalii, que se celebraba en Kiev en el siglo XI la cual preswnta similitudes con la fiesta romana de las rosas,la Rosalia.


La Vila al igual que la rusalka, es una mujer eternamente joven y bella de larga y rubia cabellera. También se asocia al alma de los muertos: en la creencia búlgara a muchachas muertas sin bautizar y en la polaca a chicas frívolas cuyas almas flotan entre el cuelo y la tierra.La vila mantiene un relación estrecha y en ocasiones amistosa con la humanidad. En los países eslavos del sur es la figura mítica más conocida, que asimila rasgos de otros espíritus de identidad distinta en otras regiones, apareciendo con frecuencia e sus cantos épicos. En uno de ellos el héroe Marko, espía a un grupo de estos seres que baila, envía a su halcón a que se apodere de las alas y el tocado de una de Nadanojla,su jefa, y regresa a su casa perseguida por la vila. Se casa con ella haciendo creer a todos que se trata de una pastora, pero un día lardea de tener a una vila por esposa y ella coje sus alas y escapa.Sólo una vez que Marko vuelve a capturarla acepta su papel de esposa.

Fuente:Mitología del mundo,redactor general, Roy Willis


Conocí el mito de la rusalka gracias a una öpera que lleva el mismo nombre de Antonín Dvorák  y , cuya trama me parecía muy similar a a la del cuanto original de "la Sirenita" de Andersen (cuyo texto completo pueden leer ACA




Hugs and kisses


 


domingo, 23 de enero de 2011

"Ulalume" (poema) Edgar Allan Poe



Los cielos estaban cenicientos y lúgubres.
Los follajes crispados y huraños.
Las hojas marchitas y secas.
Era una noche del solitario octubre,
Del más inmemorial de los años.

Fue cerca del oscuro lago de Áuber,
En la región brumosa de Weir,
Junto a la ciénaga brumosa de Áuber,
En el bosque embrujado de Weir.

A través de un paseo titánico de cipreses
Vagaba yo en soledad con mi alma;
De cipreses, con Psiquis, mi alma.
Mi corazón era entonces volcánico,
Como las escorias que ruedan en los ríos,
Como las lavas que ruedan intranquilas

En las sulfúreas corrientes del Yaanek,
En los últimos climas del polo
Que gimiendo mientras bajan rodando el monte Yaanek
En los reinos del polo boreal.

Nuestra charla había sido grave y moderada,
Pero nuestros pensamientos estaban paralizados y marchitos;
Nuestros recuerdos, inciertos y gastados,
Pues no sabíamos que el mes era octubre
Ni advertimos la noche del año
(¡Ah, noche entre todas las noches del año!)
No vimos el oscuro lago de Áuber
(Aunque ya habíamos bajado por allí).
No recordamos la húmeda ciénaga de Áuber
Ni el bosque embrujado de Áuber.

Y entonces, cuando la noche envejecía,
Cuando el cuadrante astral señala la mañana,
Al fin de nuestra senda,
Un lácteo fulgor nacido
Fuera del cual un milagroso creciente
Se alza con doble cuerno:
El creciente diamantino de Astarté
Claro y con su doble cuerno.
Y le dije: "Es más tibia que Diana:
Flota en un éter de suspiros,
Ríe en una región de suspiros:
Ella ha visto que las lágrimas no se secan,
Aquellas mejillas donde los gusanos nunca mueren,
Y ha pasado por las estrellas del León
Para señalarnos la senda de los cielos
De la paz leteana del Cielo;
Sube a pesar del León
Brillando sobre nosotros con su mirada confiada,
Sube sin temer el cubil del León,
¡Con amor en sus ojos radiantes!

Pero Psiquis, levantando su dedo dice:
"De esa estrella, oh mortal, desconfía:
De su extraña palidez yo desconfío.
¡Oh!, ¡apresúrate! ¡No meditemos!
¡Oh!, ¡vuela! ¡Ven!, huyamos; debemos hacerlo"
Aterrorizada habló, dejándome por el polvo.
Todavía ellos, apesadumbradamente, las arrastraban por el polvo.

Yo contesté: "Esto no es nada sino un sueño;
Sigamos su trémula luz;
Sigamos bañándonos en su cristalina luz;
En su sibilino esplendor está brillando
La Esperanza y la Belleza de esta noche.
¡Veo sus alas subir al firmamento a través de la noche!
Confiémonos en su resplandor
Y con seguridad nos llevará felizmente.
¡Confiémonos en un resplandor
Que no puede sino guiarnos con acierto
Cuando sube al Cielo en medio de la Noche!"

Así calmando a Psiquis, la besé,
Intenté alejar su melancolía
Y vencí sus escrúpulos y tristeza;
Pero estábamos parados a la puerta de una tumba;
Cerca de la puerta de una legendaria tumba.
Y yo dije: "¿Qué lees, dulce hermana,
En la puerta de esa legendaria tumba?"
Y ella dijo: "Ulalume, Ulalume.
¡Es la tumba de tu perdida Ulalume!"

Sentí mi corazón lúgubre y yerto
Como cuando las hojas se crispaban,
Como cuando las hojas estaban marchitas y secas.
Y yo grité: "¡Será seguramente octubre!"
Fue una noche idéntica, hace un año
Cuando viajé, cuando descendí hasta aquí..
Llevando una terrible carga.
¡Aquella noche, aquella noche del año!
¡Oh!, ¿qué demonio me trae hasta aquí?
Reconozco la ciénaga de Áuber
Y la región brumosa de Weir;
Bien conozco ahora que ésta es la ciénaga de Áuber
y aquél el embrujado bosque de Weir!


Fuente:HERE



Poe...
siempre vuelvo a mi querido Poe...



Hugs and kisses


 


viernes, 31 de diciembre de 2010

Los 12 signos del Horóscopo Chino ...


Conocidos como las "ramas terrenales",los doce signos animales son los símbolos más difundidos del horóscopo chino.No se refiere a los meses, como la astrología occidental, sino con los años.Recurren cinco veces en un ciclo de 60 años, y están vinculados a la órbita de júpiter, que tarda doce años en completarse.Cada ciclo comienza en el año nuevo chino,en febrero, que tambien maraca el comienzo del calendario lunar.Cada signo animal simboliza una personalidad distinta, mostrando los rasgos de carácter predominantes que conforman, principalmente, la manifestación externa de la persona.Además signo está influido por las cualidades que representan el YING (femeninas) y YANG (masculinas),




Rata
Nacidos en los años 1960- 1972-1984-1996-2008


Es un signo YANG. Entre sus cualidades podemos contar ser optimistas y creativos.Tiene una especial facilidad para desenvolverse en las sutiles paredes del instinto, la cordura y la locura.En la mitología china la rata es considerada como una criatura muy sabia, que posee conocimientos ocultos.Es nerviosa ,analítica, curiosa, arriesgada, ambiciosa, trabajadora, tímidas, reservadas y dadas a acumular dinero.Si presiente una peligro o amenaza, puede de escabullirse fácilmente.


Buey (o Búfalo)
Nacidos en los años 1961.1973-1985-1977-2009


Es un signo YING.Su característica principal es la profundidad, perseverancia y tenacidad con que llevan a cabo cada acto de su vida.Son seres joviales y poderos,fiables y pacientes ,de sentimientos profundos, pero inflexibles, tercos y obstinados,  incapaces de retroceder cuando han tomado una decisión aunque luego se arrepientan de ella toda su vida.De reacciones lentas,suelen  ser más inteligente de lo que demuestra.Es a su vez práctico,perseverante , muy laborioso y eficaz.


Tigre
Nacidos en 1962.1974-1986-1998-2010


Es un signo YANG.La nobleza y el amor al riesgo lo caracterizan, aunque en esto último son generalmente  afortunados.Suelen ser impulsivos, impredecibles,generosos y afectuosos..Se les suele etiquetar de "rebeldes sin causa".Lo que mueve sus vidas es el constante desafío de buscar lo difícil e inalcanzable,de lograr aquello que es peligroso e ilimitado, lo cual los convierte e una especie de "héroes épicos" o en un personaje destacado en el medio en que se mueven.


Conejo (o Gato)
Nacidos 1963-1975-1987-1999-2011


Es un signo YING.Los que necen basjo este signo jamás pasan desparecibidos, pues su conpleja personalidad provoca curiosidad y polémica entre sus pares.Sus caráctristicas principales son ser artísticos, considerados, muy  inteligentes y afortunados.Generlamente aspiran a vivir comodamete y sin sobresaltos.


Dragón
Nacidos 1964-1976-1988-2000-2012


Es un signo YANG.Las personas que nacen dragones son seres fuertes, brillates, fogosos y de férrea voluntad. Su caracter  es también misterioso e impredecible, por lo que nunca saben que harán después, excepto algo magnífico que deje a la humanidad atónita.Despiertan admiración , para bien y para mal, por donde van y están bendecidos por la buena suerte y el éxito, aunque su inherente inestabilidad puede convertirlos en seres infelices e impedirles avanzar en su vocación. Su lado negativo se manifiesta principalmente mediante la arrogancia y  el autoritarismo.



Serpiente
Nacidos 1965-1977-1989-2001-2013


Es un sigo YING.Son sensuales, creativos, cautos y responsables, a la vez que reservados. desconfiados  e inseguros.Poseen una sutil fuerza que proviene de la energía acumulada en su interior.Debido a esto son pacientes,agresivamente pasivos,calculadores y conservadores.Son personas que siempre están alertas, aunque uno no pueda percatarse de esta actitud.Siempres están listos para actuar, intuyedo con su sexto sentido los peligros y desfíos que se cruzan por su camino.


Caballo
Nacidos 1966-1978-1990-2002-2014


Es un signo YANG.Son apreciados, alegres, mentalmente ágiles, artistas, amigables,energéticos, profundos y rápidos en los momentos en que se les demanda actuar.Su principal característica es se un lider nato, decidido, capaz de defender a otros en momentos de crisis jugándose su propia vida.A su vez tambien suelen ser caprichosos, crédulos y nerviosos, lo que los lleva a ser con frecuencia rebeldes, arriesgados y audacez.


Cabra
Nacidos 1967-1979-1991-2003-2015


Es un signo YING.Son queridos, comprensivos , compasivos, pero de humor variable, indesisos y suceptibles.La escencia de los nacidos en estos años es captar la oportunidades que se les presentan y la conveniencia frente a determinadas circunstancias.La moderación, el refinamiento y el buen gusto son las caracterpisticas mas notables de este signo.


Mono
Nacidos 1968-1980-1992-2004-2016


Es un signo YANG.La astucia, ingenio, sagacidad , inventivan, temperamento y lucidez de los nacidos bajo este signo son tan avasalladoras, como su facilidad para adaptarse a los cambios.Su naturaleza curiosa,inquieta e impredecible lo convierte en un ser lleno de matices, colores, sonidos y vibraciones fascinantes.Su espíritu  está siempre sediento de aventuras,  lo cual provoca entusiasmo en las gente que lo rodea, los cuales se acercarán a él en busca de ideas innovadoras y vanguardistas. En su parte negativa podemos mencionar que son altamente competitivos,engreidos y propensos a la sospecha.


Gallo
Nacidos 1969-1981-1993-2005-2017


Es un signo YING. La escencia de los nacidos estos años es ser disciplinado y buen organizador, tiene la habilidad de separar las actividades de las metas.Suele ser soberbio, excenntrico, conservador, poderoso, decidido, ingenioso e inteligente.Se les asocia a la felicidad, celebraciobnes y properidad.


Perro
Nacidos 1970-1982-1994-2006-2018


Es un signo YANG.Es inteligente, crédulo, sensible,sociable, fuerte, honrado, leal y afectuoso, pero tambien cínico e inflexible en su manifestación negativa.Es un gran observador, constantemente alerta a todos los detalles de la vida a fin de poder resguardar a sus seres queridos y a si mismo.


Cerdo (o Jabalí)
Nacidos 1971-1983-1995-2007-2019


Es un signo YING.Son sabios, leales, confiables, fiables.Son profundos observadores y pensadores, tiene conciencia de su rol en cada situación de la vida, pero prefiere ser mas un espectador que un actor.Son sensuales y apasionados , pero protegen sus relaciones privadas. Cálidos y generosos, se les suele querer por su ingenuidad y simpleza, a pesar de su inmoderación y  terquedad.


Esta imagen pertenece a Sara Ramírez Sáez


Esta entrada fue confeccionada con algunos fragmentos  tomados del libro "Signos y simbolos" cuyo editor príncipal es Kathryn Wilkinson y de "Horóscopos del Mundo" de Ben N. Sebetk, más mis propios conocimientos  ^^


Yo soy Dragón ^^ 
¿Y uds que signo les corresponde?

Hugs and kisses

¡¡¡Feliz Noche!!!


 


martes, 2 de noviembre de 2010

Pinturas de "Ophelia" (ofelia) por John William Waterhouse (datos de interés)

Ophelia 
Oil on canvas, 1910,Private collection

"Yo amaba a Ofelia: cuarenta mil hermanos que tuviera no podrían, con todo su amor junto, superar el mío. ¿Qué estás dispuesto a hacer por ella? ¿Quieres llorar?, ¿Quieres luchar?, ¿Quieres ayunar?, ¿Quieres desgarrarte?, ¿Quieres tragar vinagre o comerte un cocodrilo? Pues todo esto haré yo. ¿Vienes aquí para lloriquear o para provocarme, saltando en la tumba de Ofelia? Hazte sepultar vivo con ella, que esto quiero yo... Y si te empeñas en gritar, rugiré tanto como tú".-Hamlet
 Shakespeare, Hamlet Acto V, escena 1.

Ophelia
Oil on canvas, 1889 ,38.5 x 62 in ,Private collection


"Colocadla en la tierra... de su hermoso y puro cuerpo brotarán violetas y a ti te digo, secerdote adusto,que mi hermana en el cielo será un ángel mientras tú estes bramando en los infiernos."-Laertes (Hermano de Ofelia)
Shakespeare, Hamlet Acto V, escena 1


Ophelia
Oil on canvas, 1894 ,49 x 29 in ,Private collection

LizLinkZ






Si les ha gustado esta entrada, es la primera que pretendo hacer sobre mi personaje favoirto,Ofelia y Waterhouse ...




Hugs and kisses


 


lunes, 1 de noviembre de 2010

Relación e identificación entre las Elfos y los Muertos...

Merlín-Alan Lee

De acuerdo a la correspondencia homo/humus, los difuntos están estrechamente relacionados con la fertilidad del suelo, lo que acarrea una confusión entre ellos y prácticamente todos los seres que pueden calificarse de genios de la tierra o de los genios tutelares.Los difuntos tienen poder sobre la fecundidad de la tierra, directamente,entre otras cosas porque gobiernan los elementos, o simplemente porque hacen de enlace entre los hombres y los dioses, ante los cuales,puesto que han regresado a lo sagrado, están en condiciones de interceder por su familia y su clan.Los buenos muertos se convierten en tierra fértil.Claro que no todos pueden equipararse a los elfos, pero en algunos textos, con todo, nos muestran cómo e opera el paso del buen difundo al elfo.

Son elevados a la categoría de elfo, osea de divinidad menor,de genio, los muertos cuya vida fue particularmente ejemplar o benéfica para sus contemporáneos.Es la misma actitud que, en el crsitianismo popular, lleva a los hombres a canonizar, sin pasar por roma, a aquellos que, por decirlo así,fueron "sobrehumanos".Este paralelismo de las relaciones merecería un estudio detallado, porque a primera vista se trata del culto a los ancestros.Única diferencia notable:estos santos populares tienen una esfera de actividad que supera el simple marco de la familia, de la tribu o de la aldea.Habiendo cumplido su deber en vida, respetando las leyes tácitas y escritas de la sociedad, se les honra pensando que continuarán velando por aquellos que han dejado atrás; en una palabra, que serán buenos ancestros.No olvidemos que, entre los germanos, por ejemplo, los muertos nunca están verdaeramente muertos:prosiguen su vida en el más allá, por eso no hay ninguna razón para que cambie su carácter.Era bueno, bueno es.Esta actitud mental explica por qué se tomaban tantas precauciones frente a personas que hab´pian tenido muertes sospechosas. 

Olaf, hijo de Gudröd, responde a los criterios enunciados, por eso. tras haber sido inhumado en su túmulo en Geirstad, recibió el sobrenombre de "El Elfo de Geirstad".Halfdan Hvitbeinn fue enterrado en Skiringssal y llorado como "El Elfo de la Coraza".Estos testimonios permiten comprender y explicar de qué modo entraron los elfos en relación con una categoría precisa de difuntos:unos y otros actúan en el seno de esta tercera función.

Fuente: Estracto de "Enanos y Elfos en la Edad Media"-Claude Lecouteux




Unas de las Caricaturas hechas por mi amiga Ashurita , para esta fecha años atrás...
¡¡¡adoro mis alitas!!! ^^


Hugs and kisses


 


domingo, 31 de octubre de 2010

Víspera del 1º de Noviembre :Augurios, fantasmas, ánimas, hadas, brujas y fuego sagrado


Escena de brujas
Francisco de Goya y Lucientes ,1798 ,42 x 30 cm., Oleo sobre lienzo, Museo Lázaro Galdiano


Durante el 1° de noviembre se constituyeron  múltiples formas de adivinación aque recurrían corrientemente los pueblos celtas en la víspera de Todoslos Santos, para averiguar su sino, especialmente su fortuna en el añoentrante; pues ¿cuándo poner en práctica mejor estos medios de otearel futuro que al comienzo del año? Como época de presagios y augurios,creemos que la víspera de Todos los Santos sobrepasó con mucho aBeltane (1 de mayo) en la imaginación celta, por lo que podemos deducir con alguna Conmemoración de los Fieles Difuntos o Día de las Animas, 2 de noviembre. .La Víspera, Oidhche Shamhna, los espíritus, hadas, etc., pululan por el aire.probabilidad que computaban su año desde entonces mejor que desdeBeltane. Otra circunstancia de gran peso y que nos lleva a la misma conclusiónes la asociación de esta fecha con lo muerto. No sólo entre losceltas, sino en toda Europa, la noche de la víspera de Todos los Santos,que señala la transición del otoño al invierno, creemos que ha sido deantiguo el momento del año en el que se supone que las almas de losdifuntos volvían a sus antiguos hogares para calentarse en el fuego yconfortarse con la buena acogida que se les hacía en la cocina o en lasala por sus parientes cariñosos. Era quizá un pensamiento natural que,al aproximarse el invierno, los espíritus ateridos y hambrientos abandonasenlos campos desnudos y las deshojadas arboledas buscando el abrigode la cabaña con su hogar familiar; ¿no vuelve la turba mugidora de lospastos veraniegos en las selvas y montes para ser alimentada en el establoy gustar de él, mientras el viento crudo silba por entre el ondulanteramaje y arremolina la nieve en los hondonadas? ¿Podrían el hombrehonrado y la mujer buena negar a los espíritus de sus muertos la bienvenidaque dan a las vacas?No son sólo las ánimas de los difuntos las que se supone que revoloteaninvisibles en el día "en que el otoño cede el empalidecido año alinvierno". Las brujas también aumentan sus errabundeos dañinos, unasvolando por el aire montadas en sus escobas, otras golpeando por loscaminos sobre gatas que al anochecer se transforman en caballos negros.También andan sueltas todas las hadas y los duendes de todas clasesvagan libremente.Aun cuando un hechizo de misterio y miedo se asigna siempre a lavíspera de Todos los Santos en las mentes de los campesinos celtas,la celebración del festival, al menos en los tiempos modernos, no hatenido un matiz triste predominante, pues, por el contrario, se ha acompañadode rasgos pintorescos y de alegres pasatiempos que la convirtieronen la más alegre del año. Entre las cosas que contribuían en las serraníasde Escocia a prestar al festival una belleza romántica estaban las hoguerasque se encendían a intervalos frecuentes en las alturas. "El último díad otoño, la chiquillería reunía helechos, barriles de alquitrán, los talloslargos y delgados del llamado gainisg y todas las demás cosas a propósitopara una hoguera, las amontonaban sobre alguna elevación del terrenocerca de la casa y al anochecido les prendían fuego. Estos fuegos se llamabanSamhnagan. Había uno por cada casa y existía una competenciapor conseguir el más grande. Distritos enteros se iluminaban con lashogueras, y sus resplandores reverberando en un lago montañés desdemuchas alturas formaban una escena magníficamente pintoresca". Comolos fuegos de Beltane en el día 1° de mayo, las hogueras de la vísperade Todos los Santos creernos que se encendían más corrientemente enlas serranías de Perthshire. En la parroquia de Callander todavía podíanverse casi a finales del siglo XVIII. Cuando se extinguían, reunían lascenizas con cuidado formando con ellas un círculo y colocaban dentrode él una piedra por cada miembro de las familias interesadas en cadahoguera. A la mañana siguiente, si alguna de estas piedras estaba removidao estropeada, la gente daba por seguro que la persona a quiencorrespondía estaba fey o elegida, y a contar de ese día no sobreviviríadoce meses. En Balquhidder, hasta finales del siglo xix, tenía su hogueraen la víspera de Todos los Santos, pero la costumbre era observadaprincipalmente por los niños. Encendían la hoguera en cualquier lomacercana a la casa; no bailaban a su alrededor. Fuegos de la víspera deTodos los Santos se encendían también en algunos distritos del noroestede Escocia, tales como Buchan. Lo mismo aldeanos que labriegos teníansus hogueras. En los pueblos los muchachos iban por las casas pidiendoturba a cada vecino, usualmente con las palabras: "Denos turba paraquemar las brujas". Cuando habían reunido bastante turba, formabanun montón añadiéndole paja, retamas y otros materiales combustibles,y lo encendían. Después cada uno de los muchachos, uno tras otro, setendían en el suelo lo más cerca posible del fuego sin quemarse y así tendido,dejaba eme el humo le envolviera. Los demás corrían por entreel humo y saltaban sobre su camarada tumbado. Cuando el montón sehabía consumido, esparcían las cenizas, compitiendo todos para ver quiénesparciría más.En la parte septentrional de Gales era costumbre que cada familiahiciese su gran hoguera llamada Coel Goeth la víspera de Todos los Santos.La encendían en el sitio más elevado y cerca de la casa: cuandocasi se había apagado, cada cual tiraba en las cenizas una piedra blancapreviamente señalada. Después de decir sus oraciones alrededor delfuego, se marchaban a la cama, y a la mañana siguiente, en cuanto selevantaban, iban a buscar las piedras, y si alguno no encontraba lasuya, todos creían que el que la arrojó moriría antes de que transcurrieseun año. Según Sir John Rhys, el hábito de celebrar la víspera de Todoslos Santos encendiendo fogatas en las colinas todavía subsiste en Gales,y hombres que viven aún pueden recordar cómo las gentes que asistían alas hogueras esperaban que saliera la última chispa y entonces echabana correr, gritando tan fuerte como podían: "Que la cerda negra y rabonacoja al zaguero". El dicho, como Sir John Rhys señala oportunamente,denota que en su principio uno de la reunión era víctima de una muertede verdad. Hasta la época actual, este dicho es corriente en Carnarvonshire,donde todavía en ocasiones, para atemorizar a los chicos, sealude a la marrana negra y rabona. Ahora podemos entender por qué enla Baja Bretaña cada persona tira una aguja en la hoguera solsticial; sinduda allí, como en Gales y en las serranías de Escocia, tuvieron en algúntiempo la costumbre de deducir agüeros de vida y muerte según la posicióny estado de los guijarros en la mañana del día de Todos losSantos. La costumbre encontrada entre las tres ramas separadas deltronco céltico data probablemente del período anterior a su dispersión,o por lo menos de la época en que las razas extranjeras aún no habíanllegado a establecer cuñas de separación entre ellas.En la isla de Man, otro país céltico, también se celebraba la vísperade Todos los Santos hasta tiempos modernos haciendo hogueras acompañadasde todas las ceremonias usuales para prevenir la influenciamaléfica de hadas y brujas.

Fuente:La Rama Dorada:Magia y Religión-James George Frazer

 

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sábado, 30 de octubre de 2010

Datos, leyendas y cuentos para Halloween : La tradición celta de Samhaim y Mexicana, Poe, Lovecraft, Stevenson y Becquer,"La llorona", Hadas (buenas y malas), Banshees, Fuegos fatuos, EMMA-HO, Dios de la Muerte Joponés y mis relatos.


John William Waterhouse (6 April 1849 — 10 February 1917)
The Magic Circle
Oil on canvas, 1886
183 cm × 127 cm (72 in × 50 in)
Tate Britain, London, UK

Estoy bastante enferma.Ayer me diagnosticaron Lupus con característcas de Artritis Reumatide.De todas maneras hay que acudir donde otros especialistas y realizar más exámens para estar seguros de que es realmente lo que tengo, pues aún hay síntomas que no concuerdan.De todas maneras se que algo no funciona bien, porque ya llevo más de dos meses padeciendo variados y desagradables malestares que van y viene y un mes en cama sientiendome bastante mal (horriblemente, si quiero serles sincera).Esa es la razón por la cual he abandonado tanto mi Castillo, no escribo, no he leído nada, apenas veo televisión, escucho muy poca música etc.Ya se imaginaran  mi "poco emocionante" estado...
Hoy no tengo muchas fuerzas ni ánimo ( maybe 1% ), pero pensé que tal vez  a algún lector le interesaría tener los links a los "ciclos" de Halloween que he preparado otros años, en los que he tratado de dar una visión alternativa a la tipica "gringa" .A su vez, dejaré las entradas donde aparecen cuentos , leyendas o datos sobre este temas vinculados a este día.
Es una pena que haya enfermado en esta época, pues pretendía  investigar y escribir mi tercer "ciclo" sobre las "otras forma de vivir halloween" (el 2008 fue sobre como lo viven los mexicanos y el año pasado traté de explicar la tradición  Celta de Samhaim) estudiándolo desde el puento de vista de que el 31 de Noviembre es el último y más importante día ritual de las brujas.En fin, será para el proximo año, si Dios asi lo quiere. =).

Halloween´s LiZLinkZ


"CICLOS"



LEYENDAS 





CUENTOS







MIS VIVECIAS




Si existe algún link roto o un reproductor de música avísenme pro favor, he estado experimentado algunos problemas con éstos últimos ^^...Espero que toda la información les sea útil o de interés ^^






Hugs and kisses



sábado, 23 de octubre de 2010

Ligeia- Edgar Allan Poe ¿Amor más allá de la muerte?


Este esel cuento favorito de un amigo, que como yo adora a Poe.Recuerdo que me dijo la razón: "porque es un amor que puede vercer la muerte"...¿creen uds. que esto pueda ser posible?...espero opiniones ^^


Ligeia-Edgar Allan Poe

 Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.

-Joseph Glanvill


Juro por mi alma que no puedo recordar cómo, cuándo ni siquiera dónde conocí a Ligeia. Largos años han transcurrido desde entonces y el sufrimiento ha debilitado mi memoria. O quizá no puedo rememorar ahora aquellas cosas porque, a decir verdad, el carácter de mi amada, su raro saber, su belleza singular y, sin embargo, plácida, y la penetrante y cautivadora elocuencia de su voz profunda y musical, se abrieron camino en mi corazón con pasos tan constantes, tan cautelosos, que me pasaron inadvertidos e ignorados. No obstante, creo haberla conocido y visto, las más de las veces, en una vasta, ruinosa ciudad cerca del Rin. Seguramente le oí hablar de su familia. No cabe duda de que su estirpe era remota. ¡Ligeia, Ligeia! Sumido en estudios que, por su índole, pueden como ninguno amortiguar las impresiones del mundo exterior, sólo por esta dulce palabra, Ligeia, acude a los ojos de mi fantasía la imagen de aquella que ya no existe. Y ahora, mientras escribo, me asalta como un rayo el recuerdo de que nunca supe el apellido de quien fuera mi amiga y prometida, luego compañera de estudios y, por último, la esposa de mi corazón. ¿Fue por una amable orden de parte de mi Ligeia o para poner a prueba la fuerza de mi afecto, que me estaba vedado indagar sobre ese punto? ¿O fue más bien un capricho mío, una loca y romántica ofrenda en el altar de la devoción más apasionada? Sólo recuerdo confusamente el hecho. ¿Es de extrañarse que haya olvidado por completo las circunstancias que lo originaron y lo acompañaron? Y en verdad, si alguna vez ese espíritu al que llaman Romance, si alguna vez la pálida Ashtophet del Egipto idólatra, con sus alas tenebrosas, han presidido, como dicen, los matrimonios fatídicos, seguramente presidieron el mío.


Hay un punto muy caro en el cual, sin embargo, mi memoria no falla. Es la persona de Ligeia. Era de alta estatura, un poco delgada y, en sus últimos tiempos, casi descarnada. Sería vano intentar la descripción de su majestad, la tranquila soltura de su porte o la inconcebible ligereza y elasticidad de su paso. Entraba y salía como una sombra. Nunca advertía yo su aparición en mi cerrado gabinete de trabajo de no ser por la amada música de su voz dulce, profunda, cuando posaba su mano marmórea sobre mi hombro. Ninguna mujer igualó la belleza de su rostro. Era el esplendor de un sueño de opio, una visión aérea y arrebatadora, más extrañamente divina que las fantasías que revoloteaban en las almas adormecidas de las hijas de Delos. Sin embargo, sus facciones no tenían esa regularidad que falsamente nos han enseñado a adorar en las obras clásicas del paganismo. "No hay belleza exquisita -dice Bacon, Verulam, refiriéndose con justeza a todas las formas y géneros de la hermosura- sin algo de extraño en las proporciones." No obstante, aunque yo veía que las facciones de Ligeia no eran de una regularidad clásica, aunque sentía que su hermosura era, en verdad, "exquisita" y percibía mucho de "extraño" en ella, en vano intenté descubrir la irregularidad y rastrear el origen de mi percepción de lo "extraño". Examiné el contorno de su frente alta, pálida: era impecable -¡qué fría en verdad esta palabra aplicada a una majestad tan divina!- por la piel, que rivalizaba con el marfil más puro, por la imponente amplitud y la calma, la noble prominencia de las regiones superciliares; y luego los cabellos, como ala de cuervo, lustrosos, exuberantes y naturalmente rizados, que demostraban toda la fuerza del epíteto homérico: "cabellera de jacinto". Miraba el delicado diseño de la nariz y sólo en los graciosos medallones de los hebreos he visto una perfección semejante. Tenía la misma superficie plena y suave, la misma tendencia casi imperceptible a ser aguileña, las mismas aletas armoniosamente curvas, que revelaban un espíritu libre. Contemplaba la dulce boca. Allí estaba en verdad el triunfo de todas las cosas celestiales: la magnífica sinuosidad del breve labio superior, la suave, voluptuosa calma del inferior, los hoyuelos juguetones y el color expresivo; los dientes, que reflejaban con un brillo casi sorprendente los rayos de la luz bendita que caían sobre ellos en la más serena y plácida y, sin embargo, radiante, triunfal de todas las sonrisas. Analizaba la forma del mentón y también aquí encontraba la noble amplitud, la suavidad y la majestad, la plenitud y la espiritualidad de los griegos, el contorno que el dios Apolo reveló tan sólo en sueños a Cleomenes, el hijo del ateniense. Y entonces me asomaba a los grandes ojos de Ligeia.


Para los ojos no tenemos modelos en la remota antigüedad. Quizá fuera, también, que en los de mi amada yacía el secreto al cual alude Verulam. Eran, creo, más grandes que los ojos comunes de nuestra raza, más que los de las gacelas de la tribu del valle de Nourjahad. Pero sólo por instantes -en los momentos de intensa excitación- se hacía más notable esta peculiaridad de Ligeia. Y en tales ocasiones su belleza -quizá la veía así mi imaginación ferviente- era la de los seres que están por encima o fuera de la tierra, la belleza de la fabulosa hurí de los turcos. Los ojos eran del negro más brillante, velados por oscuras y largas pestañas. Las cejas, de diseño levemente irregular, eran del mismo color. Sin embargo, lo "extraño" que encontraba en sus ojos era independiente de su forma, del color, del brillo, y debía atribuirse, al cabo, a la expresión. ¡Ah, palabra sin sentido tras cuya vasta latitud de simple sonido se atrinchera nuestra ignorancia de lo espiritual! La expresión de los ojos de Ligeia... ¡Cuántas horas medité sobre ella! ¡Cuántas noches de verano luché por sondearla! ¿Qué era aquello, más profundo que el pozo de Demócrito, que yacía en el fondo de las pupilas de mi amada? ¿Qué era? Me poseía la pasión de descubrirlo. ¡Aquellos ojos! ¡Aquellas grandes, aquellas brillantes, aquellas divinas pupilas! Llegaron a ser para mí las estrellas gemelas de Leda, y yo era para ellas el más fervoroso de los astrólogos.


No hay, entre las muchas anomalías incomprensibles de la ciencia psicológica, punto más atrayente, más excitante que el hecho -nunca, creo, mencionado por las escuelas- de que en nuestros intentos por traer a la memoria algo largo tiempo olvidado, con frecuencia llegamos a encontrarnos al borde mismo del recuerdo, sin poder, al fin, asirlo. Y así cuántas veces, en mi intenso examen de los ojos de Ligeia, sentí que me acercaba al conocimiento cabal de su expresión, me acercaba, aún no era mío, y al fin desaparecía por completo. Y (¡extraño, ah, el más extraño de los misterios!) encontraba en los objetos más comunes del universo un círculo de analogías con esa expresión. Quiero decir que, después del periodo en que la belleza de Ligeia penetró en mi espíritu, donde moraba como en un altar, yo extraía de muchos objetos del mundo material un sentimiento semejante al que provocaban, dentro de mí, sus grandes y luminosas pupilas. Pero no por ello puedo definir mejor ese sentimiento, ni analizarlo, ni siquiera percibirlo con calma. Lo he reconocido a veces, repito, en una viña, que crecía rápidamente, en la contemplación de una falena, de una mariposa, de una crisálida, de un veloz curso de agua. Lo he sentido en el océano, en la caída de un meteoro. Lo he sentido en la mirada de gentes muy viejas. Y hay una o dos estrellas en el cielo (especialmente una, de sexta magnitud, doble y cambiante, que puede verse cerca de la gran estrella de Lira) que, miradas con el telescopio, me han inspirado el mismo sentimiento. Me ha colmado al escuchar ciertos sones de instrumentos de cuerda, y no pocas veces al leer pasajes de determinados libros. Entre innumerables ejemplos, recuerdo bien algo de un volumen de Joseph Glanvill que (quizá simplemente por lo insólito, ¿quién sabe?) nunca ha dejado de inspirarme ese sentimiento: "Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad".


Los años transcurridos y las reflexiones consiguientes me han permitido rastrear cierta remota conexión entre este pasaje del moralista inglés y un aspecto del carácter de Ligeia. La intensidad de pensamiento, de acción, de palabra, era posiblemente en ella un resultado, o por lo menos un índice, de esa gigantesca voluntad que durante nuestras largas relaciones no dejó de dar otras pruebas más numerosas y evidentes de su existencia. De todas las mujeres que jamás he conocido, la exteriormente tranquila, la siempre plácida Ligeia, era presa con más violencia que nadie de los tumultuosos buitres de la dura pasión. Y no podía yo medir esa pasión como no fuese por el milagroso dilatarse de los ojos que me deleitaban y aterraban al mismo tiempo, por la melodía casi mágica, la modulación, la claridad y la placidez de su voz tan profunda, y por la salvaje energía (doblemente efectiva por contraste con su manera de pronunciarlas) con que profería habitualmente sus extrañas palabras.


He hablado del saber de Ligeia: era inmenso, como nunca lo hallé en una mujer. Su conocimiento de las lenguas clásicas era profundo, y, en la medida de mis nociones sobre los modernos dialectos de Europa, nunca la descubrí en falta. A decir verdad, en cualquier tema de la alabada erudición académica, admirada simplemente por abstrusa, ¿descubrí alguna vez a Ligeia en falta? ¡De qué modo singular y penetrante este punto de la naturaleza de mi esposa atrajo, tan sólo en el último periodo, mi atención! Dije que sus conocimientos eran tales que jamás los hallé en otra mujer, pero, ¿dónde está el hombre que ha cruzado, y con éxito, toda la amplia extensión de las ciencias morales, físicas y metafísicas? No vi entonces lo que ahora advierto claramente: que las adquisiciones de Ligeia eran gigantescas, eran asombrosas; sin embargo, tenía suficiente conciencia de su infinita superioridad para someterme con infantil confianza a su guía en el caótico mundo de la investigación metafísica, a la cual me entregué activamente durante los primeros años de nuestro matrimonio. ¡Con qué amplio sentimiento de triunfo, con qué vivo deleite, con qué etérea esperanza sentía yo -cuando ella se entregaba conmigo a estudios poco frecuentes, poco conocidos- esa deliciosa perspectiva que se agrandaba en lenta gradación ante mí, por cuya larga y magnífica senda no hollada podía al fin alcanzar la meta de una sabiduría demasiado premiosa, demasiado divina para no ser prohibida!


¡Así, con qué punzante dolor habré visto, después de algunos años, emprender vuelo a mis bien fundadas esperanzas y desaparecer! Sin Ligeia era yo un niño a tientas en la oscuridad. Sólo su presencia, sus lecturas, podían arrojar vívida luz sobre los muchos misterios del trascendentalismo en los cuales vivíamos inmersos. Privadas del radiante brillo de sus ojos, esas páginas, leves y doradas, tornáronse más opacas que el plomo saturnino. Y aquellos ojos brillaron cada vez con menos frecuencia sobre las páginas que yo escrutaba. Ligeia cayó enferma. Los extraños ojos brillaron con un fulgor demasiado, demasiado magnífico; los pálidos dedos adquirieron la transparencia cerúlea de la tumba y las venas azules de su alta frente latieron impetuosamente en las alternativas de la más ligera emoción. Vi que iba a morir y luché desesperadamente en espíritu con el torvo Azrael. Y las luchas de la apasionada esposa eran, para mi asombro, aún más enérgicas que las mías. Muchos rasgos de su adusto carácter me habían convencido de que para ella la muerte llegaría sin sus terrores; pero no fue así. Las palabras son impotentes para dar una idea de la fiera resistencia que opuso a la Sombra. Gemí de angustia ante el lamentable espectáculo. Yo hubiera querido calmar, hubiera querido razonar; pero en la intensidad de su salvaje deseo de vivir, vivir, sólo vivir, el consuelo y la razón eran el colmo de la locura. Sin embargo, hasta el último momento, en las convulsiones más violentas de su espíritu indómito, no se conmovió la placidez exterior de su actitud. Su voz se tornó más suave; más profunda, pero yo no quería demorarme en el extraño significado de las palabras pronunciadas con calma. Mi mente vacilaba al escuchar fascinada una melodía sobrehumana, conjeturas y aspiraciones que la humanidad no había conocido hasta entonces.


De su amor no podía dudar, y me era fácil comprender que, en un pecho como el suyo, el amor no reinaba como una pasión ordinaria. Pero sólo en la muerte medí toda la fuerza de su afecto. Durante largas horas, reteniendo mi mano, desplegaba ante mí los excesos de un corazón cuya devoción más que apasionada llegaba a la idolatría. ¿Cómo había merecido yo la bendición de semejantes confesiones? ¿Cómo había merecido la condena de que mi amada me fuese arrebatada en el momento en que me las hacía? Pero no puedo soportar el extenderme sobre este punto. Sólo diré que en el abandono más que femenino de Ligeia al amor, ay, inmerecido, otorgado sin ser yo digno, reconocí el principio de su ansioso, de su ardiente deseo de vida, esa vida que huía ahora tan velozmente. Soy incapaz de describir, no tengo palabras para expresar esa ansia salvaje, esa anhelante vehemencia de vivir, sólo vivir.


La medianoche en que murió me llamó perentoriamente a su lado, pidiéndome que repitiera ciertos versos que había compuesto pocos días antes. La obedecí. Helos aquí:


¡Vedla! ¡Es noche de gala
en los últimos años solitarios!
La multitud de ángeles alados,
con sus velos, en lágrimas bañados,
son público de un teatro que contempla
un drama de esperanzas y temores,
mientras toca la orquesta, indefinida,
la música sin fin de las esferas.


Imágenes del Dios que está en lo alto,
allí los mimos gruñen y mascullan,
corren aquí y allá; y los apremian
vastas cosas informes
que el escenario alteran de continuo,
vertiendo de sus alas desplegadas,
un invisible, largo Sufrimiento.


¡Este múltiple drama ya jamás,
jamás será olvidado!
Con su Fantasma siempre perseguido
por una multitud que no lo alcanza,
en un círculo siempre de retorno
al lugar primitivo,
y mucho de Locura, y más Pecado,
y más Horror -el alma de la intriga.


¡Ah, ved: entre los mimos en tumulto
una forma reptante se insinúa!
¡Roja como la sangre se retuerce
en la escena desnuda!
¡Se retuerce y retuerce! Y en tormentos
los mimos son su presa,
y sus fauces destilan sangre humana,
y los ángeles lloran.


¡Apáganse las luces, todas, todas!
Y sobre cada forma estremecida
cae el telón, cortina funeraria,
con fragor de tormenta.
Y los ángeles pálidos y exangües,
ya de pie, ya sin velos, manifiestan
que el drama es el del "Hombre", y que es su héroe
el Vencedor Gusano.
-¡Oh, Dios! -gritó casi Ligeia, incorporándose de un salto y tendiendo sus brazos al cielo con un movimiento espasmódico, al terminar yo estos versos. ¡Oh, Dios! ¡Oh, Padre Celestial! ¿Estas cosas ocurrirán irremisiblemente? ¿El Vencedor no será alguna vez vencido? ¿No somos una parte, una parcela de Ti? ¿Quién, quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.


Y entonces, como agotada por la emoción, dejó caer los blancos brazos y volvió solemnemente a su lecho de muerte. Y mientras lanzaba los últimos suspiros, mezclado con ellos brotó un suave murmullo de sus labios. Acerqué mi oído y distinguí de nuevo las palabras finales del pasaje de Glanvill: "El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad".


Murió; y yo, deshecho, pulverizado por el dolor, no pude soportar más la solitaria desolación de mi morada, y la sombría y ruinosa ciudad a orillas del Rin. No me faltaba lo que el mundo llama fortuna. Ligeia me había legado más, mucho más, de lo que por lo común cae en suerte a los mortales. Entonces, después de unos meses de vagabundeo tedioso, sin rumbo, adquirí y reparé en parte una abadía cuyo nombre no diré, en una de las más incultas y menos frecuentadas regiones de la hermosa Inglaterra. La sombría y triste vastedad del edificio, el aspecto casi salvaje del dominio, los numerosos recuerdos melancólicos y venerables vinculados con ambos, tenían mucho en común con los sentimientos de abandono total que me habían conducido a esa remota y huraña región del país. Sin embargo, aunque el exterior de la abadía, ruinoso, invadido de musgo, sufrió pocos cambios, me dediqué con infantil perversidad, y quizá con la débil esperanza de aliviar mis penas, a desplegar en su interior magnificencias más que reales. Siempre, aun en la infancia, había sentido gusto por esas extravagancias, y entonces volvieron como una compensación del dolor. ¡Ay, ahora sé cuánto de incipiente locura podía descubrirse en los suntuosos y fantásticos tapices, en las solemnes esculturas de Egipto, en las extrañas cornisas, en los moblajes, en los vesánicos diseños de las alfombras de oro recamado! Me había convertido en un esclavo preso en las redes del opio, y mis trabajos y mis planes cobraron el color de mis sueños. Pero no me detendré en el detalle de estos absurdos. Hablaré tan sólo de ese aposento por siempre maldito, donde en un momento de enajenación conduje al altar -como sucesora de la inolvidable Ligeia- a Rowena Trevanion de Tremaine, la de rubios cabellos y ojos azules.


No hay una sola partícula de la arquitectura y la decoración de aquella cámara nupcial que no se presente ahora ante mis ojos. ¿Dónde tenía el corazón la altiva familia de la novia para permitir, movida por su sed de oro, que una doncella, una hija tan querida, pasara el umbral de un aposento tan adornado? He dicho que recuerdo minuciosamente los detalles de la cámara -yo, que tristemente olvido cosas de profunda importancia- y, sin embargo, no había orden, no había armonía en aquel lujo fantástico, que se impusieran a mi memoria. La habitación estaba en una alta torrecilla de la abadía fortificada, era de forma pentagonal y de vastas dimensiones. Ocupaba todo el lado sur del pentágono la única ventana, un inmenso cristal de Venecia de una sola pieza y de matiz plomizo, de suerte que los rayos del sol o de la luna, al atravesarlo, caían con brillo horrible sobre los objetos. En lo alto de la inmensa ventana se extendía el enrejado de una añosa vid que trepaba por los macizos muros de la torre. El techo, de sombrío roble, era altísimo, abovedado y decorosamente decorado con los motivos más extraños, más grotescos, de un estilo semigótico, semidruídico. Del centro mismo de esa melancólica bóveda colgaba, de una sola cadena de oro de largos eslabones, un inmenso incensario del mismo metal, en estilo sarraceno, con múltiples perforaciones dispuestas de tal manera que a través de ellas, como dotadas de la vitalidad de una serpiente, veíanse las contorsiones continuas de llamas multicolores.


Había algunas otomanas y candelabros de oro de forma oriental, y también el lecho, el lecho nupcial, de modelo indio, bajo, esculpido en ébano macizo, con baldaquino como una colgadura fúnebre. En cada uno de los ángulos del aposento había un gigantesco sarcófago de granito negro proveniente de las tumbas reales erigidas frente a Luxor, con sus antiguas tapas cubiertas de inmemoriales relieves. Pero en las colgaduras del aposento se hallaba, ay, la fantasía más importante. Los elevados muros, de gigantesca altura -al punto de ser desproporcionados-, estaban cubiertos de arriba abajo, en vastos pliegues, por una pesada y espesa tapicería, tapicería de un material semejante al de la alfombra del piso, la cubierta de las otomanas y el lecho de ébano, del baldaquino y de las suntuosas volutas de los cortinajes que velaban parcialmente la ventana. Este material era el más rico tejido de oro, cubierto íntegramente, con intervalos irregulares, por arabescos en realce, de un pie de diámetro, de un negro azabache. Pero estas figuras sólo participaban de la condición de arabescos cuando se las miraba desde un determinado ángulo. Por un procedimiento hoy común, que puede en verdad rastrearse en periodos muy remotos de la antigüedad, cambiaban de aspecto. Para el que entraba en la habitación tenían la apariencia de simples monstruosidades; pero, al acercarse, esta apariencia desaparecía gradualmente y, paso a paso, a medida que el visitante cambiaba de posición en el recinto, se veía rodeado por una infinita serie de formas horribles pertenecientes a la superstición de los normandos o nacidas en los sueños culpables de los monjes. El efecto fantasmagórico era grandemente intensificado por la introducción artificial de una fuerte y continua corriente de aire detrás de los tapices, la cual daba una horrenda e inquietante animación al conjunto.


Entre esos muros, en esa cámara nupcial, pasé con Rowena de Tremaine las impías horas del primer mes de nuestro matrimonio, y las pasé sin demasiada inquietud. Que mi esposa temiera la índole hosca de mi carácter, que me huyera y me amara muy poco, no podía yo pasarlo por alto; pero me causaba más placer que otra cosa. Mi memoria volaba (¡ah, con qué intensa nostalgia!) hacia Ligeia, la amada, la augusta, la hermosa, la enterrada. Me embriagaba con los recuerdos de su pureza, de su sabiduría, de su naturaleza elevada, etérea, de su amor apasionado, idólatra. Ahora mi espíritu ardía plena y libremente, con más intensidad que el suyo. En la excitación de mis sueños de opio (pues me hallaba habitualmente aherrojado por los grilletes de la droga) gritaba su nombre en el silencio de la noche, o durante el día, en los sombreados retiros de los valles, como si con esa salvaje vehemencia, con la solemne pasión, con el fuego devorador de mi deseo por la desaparecida, pudiera restituirla a la senda que había abandonado -ah, ¿era posible que fuese para siempre?- en la tierra.


Al comenzar el segundo mes de nuestro matrimonio, Rowena cayó súbitamente enferma y se repuso lentamente. La fiebre que la consumía perturbaba sus noches, y en su inquieto semisueño hablaba de sonidos, de movimientos que se producían en la cámara de la torre, cuyo origen atribuí a los extravíos de su imaginación o quizá a la fantasmagórica influencia de la cámara misma. Llegó, al fin, la convalecencia y, por último, el restablecimiento total. Sin embargo, había transcurrido un breve periodo cuando un segundo trastorno más violento la arrojó a su lecho de dolor; y de este ataque, su constitución, que siempre fuera débil, nunca se repuso del todo. Su mal, desde entonces, tuvo un carácter alarmante y una recurrencia que lo era aún más, y desafiaba el conocimiento y los grandes esfuerzos de los médicos. Con la intensificación de su mal crónico -el cual parecía haber invadido de tal modo su constitución que era imposible desarraigarlo por medios humanos-, no pude menos de observar un aumento similar en su irritabilidad nerviosa y en su excitabilidad para el miedo motivado por causas triviales. De nuevo hablaba, y ahora con más frecuencia e insistencia, de los sonidos, de los leves sonidos y de los movimientos insólitos en las colgaduras, a los cuales aludiera en un comienzo.


Una noche, próximo el fin de septiembre, impuso a mi atención este penoso tema con más insistencia que de costumbre. Acababa de despertar de un sueño inquieto, y yo había estado observando, con un sentimiento en parte de ansiedad, en parte de vago terror, los gestos de su semblante descarnado. Me senté junto a su lecho de ébano, en una de las otomanas de la India. Se incorporó a medias y habló, con un susurro ansioso, bajo, de los sonidos que estaba oyendo y yo no podía oír, de los movimientos que estaba viendo y yo no podía percibir. El viento corría velozmente detrás de los tapices y quise mostrarle (cosa en la cual, debo decirlo, no creía yo del todo) que aquellos suspiros casi inarticulados y aquellas levísimas variaciones de las figuras de la pared eran tan sólo los naturales efectos de la habitual corriente de aire. Pero la palidez mortal que se extendió por su rostro me probó que mis esfuerzos por tranquilizarla serían infructuosos. Pareció desvanecerse y no había criados a quien recurrir. Recordé el lugar donde había un frasco de vino ligero que le habían prescrito los médicos, y crucé presuroso el aposento en su busca. Pero, al llegar bajo la luz del incensario, dos circunstancias de índole sorprendente llamaron mi atención. Sentí que un objeto palpable, aunque invisible, rozaba levemente mi persona, y vi que en la alfombra dorada, en el centro mismo del rico resplandor que arrojaba el incensario, había una sombra, una sombra leve, indefinida, de aspecto angélico, como cabe imaginar la sombra de una sombra. Pero yo estaba perturbado por la excitación de una inmoderada dosis de opio; poco caso hice a estas cosas y no las mencioné a Rowena. Encontré el vino, crucé nuevamente la cámara y llené un vaso, que llevé a los labios de la desvanecida. Ya se había recobrado un tanto, sin embargo, y tomó el vaso en sus manos, mientras yo me dejaba caer en la otomana que tenía cerca, con los ojos fijos en su persona. Fue entonces cuando percibí claramente un paso suave en la alfombra, cerca del lecho, y un segundo después, mientras Rowena alzaba la copa de vino hasta sus labios, vi o quizá soñé que veía caer dentro del vaso, como surgida de un invisible surtidor en la atmósfera del aposento, tres o cuatro grandes gotas de fluido brillante, del color del rubí. Si yo lo vi, no ocurrió lo mismo con Rowena. Bebió el vino sin vacilar y me abstuve de hablarle de una circunstancia que, según pensé, debía considerarse como sugestión de una imaginación excitada, cuya actividad mórbida aumentaban el terror de mi mujer, el opio y la hora.


Sin embargo, no pude dejar de percibir que, inmediatamente después de la caída de las gotas color rubí, se producía una rápida agravación en el mal de mi esposa, de suerte que la tercera noche las manos de sus doncellas la prepararon para la tumba, y la cuarta la pasé solo, con su cuerpo amortajado, en aquella fantástica cámara que la recibiera recién casada. Extrañas visiones engendradas por el opio revoloteaban como sombras delante de mí. Observé con ojos inquietos los sarcófagos en los ángulos de la habitación, las cambiantes figuras de los tapices, las contorsiones de las llamas multicolores en el incensario suspendido. Mis ojos cayeron entonces, mientras trataba de recordar las circunstancias de una noche anterior, en el lugar donde, bajo el resplandor del incensario, había visto las débiles huellas de la sombra. Pero ya no estaba allí, y, respirando con más libertad, volví la mirada a la pálida y rígida figura tendida en el lecho. Entonces me asaltaron mil recuerdos de Ligeia, y cayó sobre mi corazón, con la turbulenta violencia de una marea, todo el indecible dolor con que había mirado su cuerpo amortajado. La noche avanzaba, y con el pecho lleno de amargos pensamientos, cuyo objeto era mi único, mi supremo amor, permanecí contemplando el cuerpo de Rowena.


Quizá fuera media noche, tal vez más temprano o más tarde, pues no tenía conciencia del tiempo, cuando un sollozo sofocado, suave, pero muy claro, me sacó bruscamente de mi ensueño. Sentí que venía del lecho de ébano, del lecho de muerte. Presté atención en una agonía de terror supersticioso, pero el sonido no se repitió. Esforcé la vista para descubrir algún movimiento del cadáver, mas no advertí nada. Sin embargo, no podía haberme equivocado. Había oído el ruido, aunque débil, y mi espíritu estaba despierto. Mantuve con decisión, con perseverancia, la atención clavada en el cuerpo. Transcurrieron algunos minutos sin que ninguna circunstancia arrojara luz sobre el misterio. Por fin, fue evidente que un color ligero, muy débil y apenas perceptible se difundía bajo las mejillas y a lo largo de las hundidas venas de los párpados. Con una especie de horror, de espanto indecibles, que no tiene en el lenguaje humano expresión suficientemente enérgica, sentí que mi corazón dejaba de latir, que mis miembros se ponían rígidos. Sin embargo, el sentimiento del deber me devolvió la presencia de ánimo. Ya no podía dudar de que nos habíamos apresurado en los preparativos, de que Rowena aún vivía. Era necesario hacer algo inmediatamente; pero la torre estaba muy apartada de las dependencias de la servidumbre, no había nadie cerca, yo no tenía modo de llamar en mi ayuda sin abandonar la habitación unos minutos, y no podía aventurarme a salir. Luché solo, pues, en mi intento de volver a la vida el espíritu aún vacilante. Pero, al cabo de un breve periodo, fue evidente la recaída; el color desapareció de los párpados y las mejillas, dejándolos más pálidos que el mármol; los labios estaban doblemente apretados y contraídos en la espectral expresión de la muerte; una viscosidad y un frío repulsivos cubrieron rápidamente la superficie del cuerpo, y la habitual rigidez cadavérica sobrevino de inmediato. Volví a desplomarme con un estremecimiento en el diván de donde me levantara tan bruscamente y de nuevo me entregué a mis apasionadas visiones de Ligeia.


Así transcurrió una hora cuando (¿era posible?) advertí por segunda vez un vago sonido procedente de la región del lecho. Presté atención en el colmo del horror. El sonido se repitió: era un suspiro. Precipitándome hacia el cadáver, vi -claramente- temblar los labios. Un minuto después se entreabrían, descubriendo una brillante línea de dientes nacarados. La estupefacción luchaba ahora en mi pecho con el profundo espanto que hasta entonces reinara solo. Sentí que mi vista se oscurecía, que mi razón se extraviaba, y sólo por un violento esfuerzo logré al fin cobrar ánimos para ponerme a la tarea que mi deber me señalaba una vez más. Había ahora cierto color en la frente, en las mejillas y en la garganta; un calor perceptible invadía todo el cuerpo; hasta se sentía latir levemente el corazón. Mi esposa vivía, y con redoblado ardor me entregué a la tarea de resucitarla. Froté y friccioné las sienes y las manos, y utilicé todos los expedientes que la experiencia y no pocas lecturas médicas me aconsejaban. Pero en vano. De pronto, el color huyó, las pulsaciones cesaron, los labios recobraron la expresión de la muerte y, un instante después, el cuerpo todo adquiría el frío de hielo, el color lívido, la intensa rigidez, el aspecto consumido y todas las horrendas características de quien ha sido, por muchos días, habitante de la tumba.


Y de nuevo me sumí en las visiones de Ligeia, y de nuevo (¿y quién ha de sorprenderse de que me estremezca al escribirlo?), de nuevo llegó a mis oídos un sollozo ahogado que venía de la zona del lecho de ébano. Mas, ¿a qué detallar el inenarrable horror de aquella noche? ¿A qué detenerme a relatar cómo, hasta acercarse el momento del alba gris, se repitió este horrible drama de resurrección; cómo cada espantosa recaída terminaba en una muerte más rígida y aparentemente más irremediable; cómo cada agonía cobraba el aspecto de una lucha con algún enemigo invisible, y cómo cada lucha era sucedida por no sé qué extraño cambio en el aspecto del cuerpo? Permitidme que me apresure a concluir.


La mayor parte de la espantosa noche había transcurrido, y la que estuviera muerta se movió de nuevo, ahora con más fuerza que antes, aunque despertase de una disolución más horrenda y más irreparable. Yo había cesado hacía rato de luchar o de moverme, y permanecía rígido, sentado en la otomana, presa indefensa de un torbellino de violentas emociones, de todas las cuales el pavor era quizá la menos terrible, la menos devoradora. El cadáver, repito, se movía, y ahora con más fuerza que antes. Los colores de la vida cubrieron con inusitada energía el semblante, los miembros se relajaron y, de no ser por los párpados aún apretados y por las vendas y paños que daban un aspecto sepulcral a la figura, podía haber soñado que Rowena había sacudido por completo las cadenas de la muerte. Pero si entonces no acepté del todo esta idea, por lo menos pude salir de dudas cuando, levantándose del lecho, a tientas, con débiles pasos, con los ojos cerrados y la manera peculiar de quien se ha extraviado en un sueño, aquel ser amortajado avanzó osadamente, palpablemente, hasta el centro del aposento.


No temblé, no me moví, pues una multitud de ideas inexpresables vinculadas con el aire, la estatura, el porte de la figura cruzaron velozmente por mi cerebro, paralizándome, convirtiéndome en fría piedra. No me moví, pero contemplé la aparición. Reinaba un loco desorden en mis pensamientos, un tumulto incontenible. ¿Podía ser, realmente, Rowena viva la figura que tenía delante? ¿Podía ser realmente Rowena, Rowena Trevanion de Tremaine, la de los cabellos rubios y los ojos azules? ¿Por qué, por qué lo dudaba? El vendaje ceñía la boca, pero ¿podía no ser la boca de Rowena de Tremaine? Y las mejillas -con rosas como en la plenitud de su vida-, sí podían ser en verdad las hermosas mejillas de la viviente señora de Tremaine. Y el mentón, con sus hoyuelos, como cuando estaba sana, ¿podía no ser el suyo? Pero entonces, ¿había crecido ella durante su enfermedad? ¿Qué inenarrable locura me invadió al pensarlo? De un salto llegué a sus pies. Estremeciéndose a mi contacto, dejó caer de la cabeza, sueltas, las horribles vendas que la envolvían, y entonces, en la atmósfera sacudida del aposento, se desplomó una enorme masa de cabellos desordenados: ¡eran más negros que las alas de cuervo de la medianoche! Y lentamente se abrieron los ojos de la figura que estaba ante mí. "¡En esto, por lo menos -grité-, nunca, nunca podré equivocarme! ¡Éstos son los grandes ojos, los ojos negros, los extraños ojos de mi perdido amor, los de... los de LIGEIA!"


FIN


Traducción de Julio Cortázar

Fuente: Ciudad Seva (AQUI)




Hugs and kisses


 



Que tus pasos sean benditos, Viajero

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